miércoles, 30 de enero de 2013

LA ASOMBROSA HISTORIA DE NICHOLAS ALKEMADE


   Supongo que la mayoría de vosotros habrá visto la película “El Protegido” protagonizada por Bruce Willis y Samuel L. Jackson. En ella, el tren en el que viaja David Dunn (Bruce Willis) sufre un espantoso accidente, sus vagones son destrozados, aplastados y sus restos esparcidos en pedazos a varios kilómetros a la redonda. Sólo David sobrevive a este suceso y por algún motivo desconocido, no tiene ni un solo rasguño. Por sorprendente que parezca, la ficticia historia de David Dunn queda a la altura del betún cuando la comparamos con la sorprendente y real historia de Nicholas Alkemade, el protegido “de verdad”.

Nicholas Alkemade
   La asombrosa historia de Nicholas Alkemade, un sargento artillero de veintiún años del 115º Escuadrón de Bombardeo de la Royal Air Force, comienza la madrugada del 24 de marzo de 1944 cuando el avión donde sirve como artillero de cola, un bombardero pesado Avro-Lancaster IIS bautizado con el nombre de “S for Sugar” (S de Azúcar), surca el cielo nocturno alemán en una formación de 300 bombarderos que, con cinco toneladas de bombas en las entrañas de cada aeronave, se dirigen al corazón del III Reich camino de Berlín. Alkemade ocupa el puesto de cola del Lancaster, una angosta cúpula de plexiglás que artilla cuatro ametralladoras Browning 303, el puesto más peligroso de un bombardero aliado desde que en 1942, los aguerridos pilotos de caza de la Luftwaffe decidieron que la mejor forma de atacar a las formaciones de bombarderos aliadas era desde la cola y la panza, las zonas más vulnerables de estos aparatos. Tan reducido es el espacio de la cabina del artillero de cola que Alkemade no puede llevar puesto el paracaídas porque limitaría sus movimientos.

Avro Lancaster
   La misión del 115º Escuadrón de la RAF se realiza sin mayores contratiempos. Más de 1500 toneladas de explosivos de gran potencia y de bombas incendiarias caen sobre Berlín. De regreso a casa, mientras vuelan a dieciocho mil pies de altura (seis mil metros) por las cercanías de Schmallenberg, una escuadrilla de cazas nocturnos Junkers-88 surge de la nada en la oscuridad de la noche, justo a la cola de la formación de Lancaster. El “S for Sugar” se encuentra en mitad de la refriega y sufre numerosos impactos. Sus artilleros se emplean a fondo en repeler el ataque de los cazas de la Luftwaffe pero el ataque es feroz. Mientras Alkemade enfila sus cuatro ametralladoras de cola y derriba con destreza y algo de suerte un JU-88, el Lancaster sufre un incendio y una explosión en sus tanques de combustible. Dos proyectiles de cañón de 20 mm impactan en la torreta de Nick, prendiendo el aceite del sistema hidráulico y provocando otro incendio. Alkemade, con ligeras quemaduras en manos y cara, llama al capitán por el intercomunicador para informarle de que la cola del avión está en llamas. Pero el capitán interrumpe la comunicación y les dice a todos los tripulantes: "¡No puedo aguantarlo por mucho tiempo más, muchachos. Tendréis que saltar ahora mismo!".

Avro Lancaster, artillero de cola.
   Algunos tripulantes saltan en paracaídas, otros quedan mortalmente atrapados en el fuselaje pero Nick, antes de saltar debe salir de su cabina en busca del suyo, colgado en el fuselaje cerca de la puerta trasera. Cuando llega a su mochila paracaídas comprueba horrorizado que está ardiendo. Sabe que va a morir y debe tomar una decisión rápida: morir abrasado entre los restos del avión o saltar al vacío en busca de una muerte rápida y menos dolorosa. A dieciocho mil pies de altura, Alkemade se quita la chamuscada máscara de oxígeno y decide saltar boca arriba de espaldas al vacío, mirando al cielo estrellado. Al saltar no experimenta ninguna sensación de temor ante una muerte segura, al contrario; percibe una inquietante tranquilidad. Mientras cae piensa que falta tan solo una semana para disfrutar de su permiso y que ya no va a poder ver jamás a Pearl, su novia. Después de esto Alkemade ya no recuerda nada más. A causa de la caída y el cambio brusco de presión, con la vista puesta en el cielo estrellado, pierde el conocimiento. Mientras, cada vez más lejos de Nick, el Lancaster cae en barrena envuelto en llamas, matando en su caída al piloto - Jack Newman - y a otros tres miembros más de una tripulación total de siete hombres.

Junkers JU-88
   A las tres y diez de la madrugada del 24 de marzo de 1944, la fría nieve alemana hace regresar al presente a Nick. Abre los ojos y ve de nuevo ese cielo estrellado. Piensa que está muerto pero no puede ser posible porque ve ramas de árboles, tiene frío, le duele todo el cuerpo y siente un intenso dolor en la rodilla derecha. Mueve pies y brazos y comprueba que está de espaldas sobre una gruesa capa de nieve blanda. De espaldas y vivo. No se lo puede creer. Sigue examinándose en busca de algún hueso roto pero lo único que encuentra en su cuerpo son ligeras magulladuras, quemaduras producidas por el incendio de su cabina y ese dolor sordo en la rodilla. Las copas de los árboles del bosque y la gruesa capa de nieve han amortiguado el golpe. Esta vivo aunque no por mucho tiempo. Tiene que buscar cobijo porque su fino traje de aviador de la RAF apenas lo protege de la gélida noche alemana. Está desorientado y no sabe hacia donde dirigirse, así que piensa que la mejor opción para sobrevivir es la de ser capturado como prisionero de guerra. Saca su silbato de la guerrera y lo hace sonar desesperadamente en un intento de atraer la atención de los alemanes.

   Al cabo de un rato de soplar el silbato, una patrulla de la Volkssturm da con él, medio enterrado en un montículo de nieve. En el universal lenguaje de las señas, Alkemade les indica que es un aviador de la RAF que ha saltado de su avión en llamas. Los alemanes se miran incrédulos y piensan que les está tomando el pelo porque no ven el paracaídas por ningún lado. Al decirles que se ha lanzado sin él, las dudas de los boches se disipan y lo toman por un espía. Intentan levantarlo y colocarle una lona debajo para arrastrarlo por la nieve pero el fuerte dolor de su rodilla junto a un principio de hipotermia le hacen de nuevo perder el conocimiento. 

Dulag Luft, campo de prisioneros para pilotos aliados
   Alkemade despierta en la cama de un hospital de Berlín rodeado de doctores. Estos le preguntan de nuevo cómo ha ido a parar al bosque, a lo que Alkemade les responde con la verdad: “salté de un Lancaster a dieciocho mil pies de altura sin paracaídas y la nieve amortiguó el golpe”. Como es normal, aquellos doctores no creyeron ni una sola palabra de lo que contaba aquel pirado inglés. Estaba claro que era un espía que intentaba librarse de ser fusilado. Durante tres días lo interrogan intensamente, sobre todo acerca del incómodo asunto del paracaídas y su ausencia. Nadie cree ni una sola palabra de su relato. El oficial nazi que lo interroga una y otra vez,  entra en cólera cada vez que repite la absurda historia del paracaídas. 

   Una vez recuperado de la hipotermia y sus ligeras heridas, el sargento británico es conducido al campo de prisioneros de Dulag Luft en Oberursel, cerca de Frankfurt. Allí, agentes de la Gestapo lo interrogan con su “habitual delicadeza”. Están convencidos de que se trata de un agente infiltrado en la retaguardia que se está riendo de ellos con su absurda historia. Pese a los persuasivos métodos empleados y de mantenerlo incomunicado, Alkemade sigue defendiendo que es un artillero de la RAF que ha sobrevivido a un salto de dieciocho mil pies desde el destrozado fuselaje de un Lancaster. Nadie le cree. Ni siquiera uno solo de los doscientos aviadores aliados prisioneros del campo. 

Dulag Luft, ficha real de un prisionero aliado
   Está a punto de ser fusilado por espía cuando un joven teniente de la Luftwaffe llamado Hans Feidal, decide dar un garbeo por los alrededores de Berlín a bordo de un Kubelwagen, en un último intento de dar verosimilitud a la historia del chiflado sargento Inglés. Para su sorpresa, el teniente Feidal encuentra los restos del fuselaje y la sección de cola del Lancaster “S for Sugar” pero es al examinar la posición del artillero de cola cuando queda completamente estupefacto: allí, entre hierros retorcidos, se encuentran los restos de un paracaídas chamuscado. Feidal recoge los despojos del paracaídas y regresa a casquillo quitado al campo de prisioneros de Dulag Luft, para comparar los arneses del paracaídas encontrado con los del traje de vuelo de Alkemade. Por supuesto, ambos coinciden. Técnicos de la Luftwaffe realizan todo tipo de pruebas y comprobaciones conduciéndolas todas a un mismo punto: Nicholas Alkemade dice la verdad.

   A partir de este momento, los alemanes que han tratado al sargento como un espía, y sus propios compañeros de cautiverio que lo han tomado por un pirado, pasan a considerarlo como un héroe y un mito viviente. Convencidos de que cuando termine la guerra y regrese a Gran Bretaña nadie creerá su asombrosa historia, los alemanes y el oficial superior británico  escriben en un pedazo de papel descolorido del interior de una biblia lo siguiente:

Dulag Luft,

Las autoridades alemanas han investigado y comprobado que las declaraciones del sargento Alkemade, 1.431.537 de la RAF, son ciertas en todos sus aspectos, o sea, que realizó un descenso de 18000 pies sin paracaídas y aterrizó sin sufrir lesiones graves; su paracaídas había ardido dentro del avión. Aterrizó en la nieve, entre unos abetos.

Corroboración atestiguada por:

teniente de Aviación H.J. Moore, oficial superior británico; sargento de Aviación R.R. Lamb, 1.339.582; sargento de Aviación T.A. Jones, 411 suboficial superior británico.

Fecha: 25 de abril de 1944

   Cuando al final de la guerra es liberado, los británicos lo reciben como a un héroe en una de las más multitudinarias ruedas de prensa que se recuerdan pero lo realmente prodigioso de la historia de Nicholas Alkemade comienza ahora. Esto que habéis leído es nada. Puro relleno.

   Al finalizar la guerra, Nick Alkemade vuelve a su vida de civil y consigue trabajo en una fábrica de productos químicos. Si en algún momento piensa que su vida en la fábrica va a ser más tranquila y segura que en la cabina de cola de plexiglás de un Lancaster, se equivoca de pe a pa. Años después, durante unos trabajos de mantenimiento en la fábrica, una viga de acero se desploma sobre él. Cuando los ocho hombres que hacen falta para levantarla, esperan encontrar debajo el cadáver de Nick completamente despanzurrado por el peso, lo que hallan es a su compañero inconsciente con un ligero chichón en la cabeza. Un rasguño sin importancia. No contento con no palmar despachurrado por tamaña viga, unos meses después sobrevive milagrosamente cuando un recipiente de ácido sulfúrico cae sobre él, causándole quemaduras sin importancia que no requieren hospitalización. Pero un tiempo después, su vida logra alcanzar la categoría de leyenda cuando al recibir una descarga eléctrica de alta tensión, sale brutalmente despedido varios metros y cae al interior de una piscina de cloro en estado puro, sobreviviendo ¡una hora! en el interior de ella respirando sus gases, siendo rescatado una vez más inconsciente pero vivito y coleando. Aquella fábrica era una puñetera trampa mortal.

   El mismo Alkemade escribió un artículo sobre su vida en el número 215 de la revista Selecciones del Reader's Digest, edición México, en octubre de 1968. Y os preguntaréis ¿pero este tipo sigue aún entre los vivos? Pues siento decir que no. Murió el 22 de junio de 1987 por causas naturales. Lo que son las cosas.

FUENTES:
"HECHOS INSÓLITOS DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL", de Jesús Hernández. Puzzle Editores (Bolsillo), Barcelona 2006.
Military Hardware of World War Two by Eric Grove, Christopher Chant, David Lyon, and Hugh Lyon
Coordenadas GOOGLE MAPS: 50.21654°N 8.55366°E  "Dulag Luft en la actualidad"

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