miércoles, 14 de mayo de 2014

NORTON I, INSÓLITO EMPERADOR DE ESTADOS UNIDOS

   Se puede afirmar que desde el 17 de septiembre de 1787, Estados Unidos es una república constitucional, presidencial y federal. Su forma de gobierno, desde hace más de doscientos años, es comúnmente conocida como democracia presidencialista porque quien mueve los hilos es un presidente. Un presidente elegido cada cuatro años a través de compromisarios o grandes electores, que ostenta la jefatura del Estado, el poder ejecutivo y capacidad de veto de algunas decisiones del poder legislativo, además de ser el comandante en jefe del Ejército. Un tipo con un poder casi ilimitado.

   Si, si. Ya se. Todo muy bonito. Una lección de historia y tal pero ¿y si os dijera que esto no fue siempre así? Durante la segunda mitad del siglo XIX  hubo un hombre que brillaba más que el sol, que gobernó con benevolencia y grandes dosis de sentido del humor a sus afortunados súbditos. ¿Conocéis a su Graciosa Majestad Imperial Norton I, Emperador de los Estados Unidos y Protector de México? ¿Que no lo conocéis? Eso es imperdonable. En fin… Si queréis saber algo más sobre este ilustre prohombre, cuyo gobierno magnánimo quedó grabado con el fulgor del diamante en las páginas de nuestra historia, no tenéis más seguir leyendo a continuación su irreverente historia.

   Su Majestad Imperial Joshua Abraham Norton -Norton I para sus felices vasallos- nació en el seno de una familia judía de pingües estipendios entre 1811 y 1819 en Inglaterra. Como todo gran magno varón en la historia de la humanidad, los registros exactos de su fecha de nacimiento se pierden en la memoria de los tiempos, aunque sesudos historiadores han llegado a la conclusión que el año 1819 e Inglaterra son la fecha y lugar exactos de nacimiento. Se descarta por tanto la teoría del investigador Pep Mayolas del Instituto Nueva Historia, que defiende el origen catalán de personajes históricos como Cristóbal Colón, Miguel de Cervantes, Erasmo de Rotterdam o los Reyes de Castilla. Nuestro protagonista, Joshua A. Norton, no nació por tanto en l’Empordá, para disgusto del ilustre Pep Mayolas.

Joshua A. Norton, año 1851
   A la tierna edad de dos años, su familia decide emigrar a Algoa Bay, Sudáfrica, donde Norton I crece feliz al abrigo de los negocios de su familia. A la muerte de su padre, John Norton, recibe como herencia la nada despreciable cifra de 40.000 dólares y como todo hombre inquieto que intuye su glorioso destino, emigra a Estados Unidos, llegando en 1849 a la bahía de San Francisco a bordo del yate de vapor Hurlothrumbo, en busca de un nuevo comienzo a su vida. El atractivo del sueño americano lo esperaba a la vuelta de la esquina.

   Sólo unos pocos años después de llegar a San Francisco, Norton se había convertido en un exitoso hombre de negocios, con activos estimados por valor de 250.000 dólares (unos 6 millones de dólares de hoy día). Entre sus prósperos negocios se encontraba una fábrica de cigarros, un molino de arroz, y un edificio de oficinas. La Joshua Norton & Company era una floreciente empresa con sede en un elegante edificio de granito ubicado en el número 110 de Battery Street, junto a oficinas de varias de las personas más influyentes de la ciudad de San Francisco, entre ellos el cónsul británico. Joshua Norton se codeaba con total naturalidad con los grandes empresarios y la élite social de la bahía de San Francisco. Pero la suerte en los negocios no le duró por mucho tiempo.

   La hambruna China de 1851-1852 cortó las importaciones de arroz a los Estados Unidos, disparando su precio como un cohete de verbena, de los 4 centavos de dólar por libra hasta los 36 centavos de dólar. Norton vio la oportunidad de hacer aún más dinero cuando le soplaron que el Glyde, un barco arrocero, acababa de partir de Perú con 200.000 libras de arroz en sus bodegas (unos 91.000 kg). Ni corto ni perezoso, Norton se puso en contacto con la empresa que fletaba el barco y compró todo el envío a un precio de doce centavos y medio la libra por un total de 25.000 dólares, con la esperanza de acaparar todo el mercado. En toda esta genial idea solo había un pequeño inconveniente: no era el único empresario al que se le ocurrió el astuto plan de importar arroz peruano. A los pocos días de formalizar la compra del cargamento de arroz del Glyde, decenas y decenas de barcos cargados de arroz peruano hasta el velacho mayor, arribaron al puerto de San Francisco, causando un desplome generalizado de los precios hasta la irrisoria cifra de tres centavos de dólar la libra. Norton no sólo no tendría beneficio, sino que encima perdería una cantidad significativa de dinero en el proceso. Trató de anular el contrato aduciendo que la empresa concesionaria lo había engañado con la calidad del arroz fletado pero el daño a su economía ya estaba hecho.

   De 1853 a 1857, Norton y los comerciantes de arroz se enzarzaron en un prolongado y doloroso litigio, acumulando enormes facturas legales. Aunque Norton ganó el pleito en los tribunales de primera instancia, el caso llegó a la Corte Suprema de California, que falló en contra de los intereses de Norton. Más tarde, el Banco Lucas Turner and Company embargaba sus propiedades inmobiliarias en North Beach para pagar la deuda, declarándose en quiebra en 1858 y desapareciendo del mapa por un tiempo. Norton estaba en la más completa ruina. Hay quien afirma haberlo visto en 1859 malviviendo en una pensión obrera de mala muerte, con apenas unos centavos en los bolsillos.

Emperador Norton I
   Pero ese no es el estilo de vida americano. Cuando eres más pobre que las ratas, comiendo gracias a la caridad, con apenas un solo dólar en el bolsillo, sin ningún futuro por delante y sin nada que perder, ¿qué puedes hacer? Declararte Emperador de los Estados Unidos, por supuesto.

   Cuando Norton regresa a las calles de San Francisco en el verano de 1859, había perdido toda la fe en las estructuras jurídicas y políticas de los Estados Unidos. No era para menos después de haber perdido hasta el último centavo, aunque la culpa fuera solo y exclusivamente suya. Hablaba con sus antiguas amistades sobre la corrupción y la ineficacia de la administración americana. La economía californiana no andaba muy boyante en aquellos tiempos y si sumamos a todo este discurso el debate sobre la esclavitud que años más tarde llevaría al país a una encarnizada guerra civil, tenemos los ingredientes adecuados para que en algunos círculos comenzaran a escucharlo con cierta atención. 

   Después de comentar en público que las cosas irían mucho mejor si él estuviera a cargo del gobierno y después de varios días de madurar la idea, el 17 de septiembre de 1859, subió las escaleras del 517 de Clay Street, sede de la oficina del periódico San Francisco Bulletin. George Fitch, editor del diario, estaba sentado en su escritorio cuando un hombre que describió como "bien vestido y de aspecto serio" le entregó con solemnidad un pedazo de papel. A la mañana siguiente, Fitch publicó en el San Francisco Bulletin el titular: "¿Tenemos un Emperador entre nosotros?", seguido de la siguiente proclama:

A petición, y por deseo perentorio de una gran mayoría de los ciudadanos de estos Estados Unidos, yo, Joshua Norton, antes de Bahía de Algoa, del Cabo de Buena Esperanza, y ahora por los pasados 9 años y 10 meses de San Francisco, California, me declaro y proclamo emperador de estos Estados Unidos; y en virtud de la autoridad de tal modo investida en mí, por este medio dirijo y ordeno a los representantes de los diferentes Estados de la Unión a constituirse en asamblea en la Sala de Conciertos de esta ciudad, el primer día de febrero próximo, donde se realizarán tales alteraciones en las leyes existentes de la Unión como para mitigar los males bajo los cuales el país está trabajando, y de tal modo justificar la confianza que existe, tanto en el país como en el extranjero, en nuestra estabilidad e integridad.


NORTON 1, Emperador de los Estados Unidos

   Hubiera sido muy fácil para los medios tomar al personaje como un loco, pero contra todo pronóstico el San Francisco Bulletin, un diario serio y con solvencia, publicó todas sus demandas y edictos. A partir de esa fecha, el pitorreo se apoderó de las calles de San Francisco.

Censo S. Francisco año 1870. En él aparece Norton con la profesión de Emperador
   Nada más tomar el control absoluto del país, la primera medida del emperador Norton I fue autorizar formalmente la disolución del Congreso de los Estados Unidos el 12 de octubre de 1859, para hacer frente al “fraude y la corrupción” que proviene de “los partidos, las facciones y bajo influencia de sectas políticas” y para proteger al ciudadano del derecho a la propiedad personal. En un decreto imperial del mes siguiente, Norton convocó al ejército para deponer a los funcionarios electos del Congreso de EE.UU.:

CONSIDERANDO, que un grupo de hombres que se hacen llamar el Congreso Nacional se encuentran ahora en sesión en la ciudad de Washington, en violación de nuestra edicto imperial del 12 de octubre pasado, declarando dicho Congreso abolido;

CONSIDERANDO, que es necesario para el descanso de nuestro Imperio que dicho decreto debe cumplirse estrictamente;

AHORA, POR LO TANTO, que por la presente Ordeno al comandante en jefe de las fuerzas militares, general Scott, inmediatamente y después de la recepción de este, nuestro decreto, continuar con una fuerza adecuada y despejar los pasillos del Congreso”.
   
Por supuesto, las órdenes de Norton fueron ignoradas por el Ejército y el Congreso, quienes se tomaban a chanza todo este dislate. La batalla de Norton contra los líderes electos de América persistió durante todo su reinado, llegando al cenit el 12 de agosto de 1869, cuando tomó la determinación de abolir los partidos Demócrata y Republicano. Con un par. A pesar de esta drástica medida parece que desde Washington tampoco le hicieron mucho caso. Finalmente, a regañadientes, permitió que el Congreso existiese sin su permiso. Un gesto más de su legendaria magnanimidad.

   En política exterior, el emperador Norton también desempeñó un papel destacado. Cuando Napoleón III, sobrino de Napoleón I, invadió México en 1863, el emperador añadió un nuevo título regio a su currículum: "Protector de México." No existen evidencias de que Norton pusiera alguna vez un pie en México.

   Obviamente, nunca ninguno de los decretos del emperador Norton I llegó a realizarse. Como emperador autoproclamado sin ejércitos ni dinero para respaldar sus proclamas, no tenía poder legal para crear una monarquía, nombrar Gobernadores o desmantelar la Corte Suprema. Sin embargo, por extraño que parezca, terminó por ganar una parcela de poder muy parecida a la de las monarquías europeas del siglo XXI, salvando las distancias. El Emperador Norton rápidamente se convirtió en una leyenda y era extremadamente popular entre la gente de San Francisco. Los políticos se vieron obligados a seguirle la corriente, porque mostrarle falta de respeto era sinónimo de pérdida de votos.

   Como buen gobernante al cabo de la calle, pasaba sus días inspeccionando las calles de San Francisco en un pomposo uniforme azul con charreteras chapadas en oro, donado  por los oficiales del ejército de los Estados Unidos destacados en el Presidio de San Francisco. Tocaba su magna testa con un sombrero de castor adornado con una pluma de pavo real y una roseta, complementando esta real postura con un bastón o un paraguas, según la época del año. Durante sus inspecciones, Norton examinaba el estado de las aceras y el funcionamiento de los legendarios coches de cable de San Francisco.

   En 1867, un policía llamado Armand Barbier cometió el terrible disparate de arrestar a Norton con el fin de someterlo a un involuntario tratamiento por trastorno mental. La detención del emperador indignó a los ciudadanos y provocó editoriales mordaces en periódicos como el ya nombrado San Francisco Bulletin, el Daily Alta California o el Morning Call, donde escribía un joven llamado Samuel Langhorne Clemens, que más tarde sería conocido en el mundo con el seudónimo de Mark Twain. Aunque para editoriales incendiarios el que publicó el Evening Bulletin:

"En lo que sólo puede ser descrito como el más vil de los errores, Joshua A. Norton, arrestado hoy, se encuentra detenido bajo la ridícula acusación de lunático. Conocido y querido por todos los verdaderos ciudadanos de San Francisco como el emperador Norton, este amable monarca está menos loco que los que han alegado estos falsos cargos. Los leales súbditos de Su Majestad quedan plenamente informados de este ultraje. (…) Este periódico insta a todos los ciudadanos bienpensantes a asistir mañana a la audiencia pública que se celebrará ante el Comisionado, Wingate Jones. La mancha en la reputación de la ciudad de San Francisco debe ser eliminada."

   Ante la presión popular, al jefe de policía Patrick Crowley no le quedó más remedio que ordenar la inmediata liberación de Norton, además de emitir una disculpa formal por parte de la policía. A su vez, el emperador Norton concedió generosamente el Perdón Imperial al policía Armand Barbier, por la anómala detención practicada. Y todos tan contentos. A partir de entonces al pasear por la calle, todos los agentes de policía de San Francisco saludaron Norton con todos los honores.

Absenta "Emperador Norton"
   El Emperador no vivió exactamente como un rey pero su nueva vida le proporcionó un montón de ventajas. En 1863, Norton encontró alojamiento en una pensión en el 624 de Commercial Street, entre las calles Montgomery y Kearny, por la ridícula suma de 50 centavos la noche. Como corresponde a un miembro de la realeza, su habitación estaba ricamente decorada con litografías de la reina Victoria de Inglaterra, la reina Emma de las Islas Sandwich -ahora islas Hawai-, la emperatriz Carlota de México, así como de la española Eugenia de Montijo, emperatriz consorte esposa de Napoleón III. Subía gratis en todos los ferris y los tranvías de la ciudad. Leland Stanford, presidente de la Central Pacific Railroad, entregó a Norton un pase gratis válido en todo el estado de California, para intentar lavar ante la opinión pública su reputación de empresario avaro y tacaño, por otra parte ganada a pulso. Norton utilizó ese pase libre para asistir a las sesiones de la legislatura estatal y para revisar las tropas militares acuarteladas en el área de la bahía, como corresponde a todo Jefe de Estado que se precie. En un momento determinado, cuando su uniforme imperial se desgastó por el uso y el paso del tiempo, la ciudad de San Francisco pagó de las arcas municipales un nuevo y elegante uniforme, ya que “ningún emperador de los Estados Unidos debe ir por ahí con ropas en mal estado”.

  También, aunque parezca inverosímil, el emperador Norton comía gratis en numerosos restaurantes de la ciudad, incluyendo establecimientos muy exclusivos, donde fue a menudo tratado como un invitado VIP. Lo más probable es que los dueños de los restaurantes, con gran visión comercial, tuvieran este gesto con el monarca más por conseguir publicidad gratuita que por otra cosa. De hecho, colocaron soberbias placas a la entrada de sus establecimientos, anunciando que su local era honrado con la visita del emperador de los Estados Unidos.

Tesoro Imperial, 5 dólares
   Además de recaudar impuestos, que de forma inaudita la mayoría de los ciudadanos y comerciantes pagaban con una sonrisa en el rostro y sin rechistar, cuando el Emperador Norton I necesitó un poco de dinero extra, comenzó a acuñar su propia moneda, llamada "Bonos Certificados del Tesoro Imperial" con valores que iban de los 50 centavos a 10 dólares. Fueron impresos en papel de billetes estándar, con fecha y número de serie, así como firmados a mano. Aunque la calidad de impresión era baja, pronto fueron usados incomprensiblemente por los ciudadanos de San Francisco y admitidos como moneda de cambio y curso legal en la mayoría de establecimientos de la ciudad. También supusieron un gran reclamo para los turistas que los buscaban y llevaban como un excéntrico recuerdo de su visita a la ciudad. En la actualidad, esta moneda es muy popular entre los coleccionistas, estando en la lista de las cien monedas más cotizadas de Norteamérica.
Emperador Pedro II de Brasil

   La fama del emperador Norton I se propagaba como un sarpullido por toda América, al punto que muchos establecimientos y negocios de la ciudad estaban haciendo magros negocios a costa de la regia imagen del monarca. Se hicieron postales, cigarros, botellas y todo tipo de recuerdos con la imagen del Emperador, se colocaron placas en las puertas de los restaurantes y tabernas, como hemos citado antes, conmemorando la visita del mandatario al establecimiento; la ópera y teatros de San Francisco usaban como reclamo la asistencia del Emperador a su próxima actuación, a la cual, por supuesto, sería invitado y acudiría de balde. Tal era la popularidad de Norton I, que en 1876, Dom Pedro II “El Magnánimo”, a la sazón emperador de Brasil, visitó San Francisco y pidió reunirse con el emperador de los Estados Unidos. Se conocieron en una suite real en el recién inaugurado Hotel Palace y hablaron durante más de una hora. En 1876, Dom Pedro nunca dio señal de si se dio cuenta o no de que Estados Unidos realmente no tenía un emperador.

   La noche del 8 de enero de 1880, era una noche de perros. Hacía frío y llovía. El Emperador se dirigía hacia Nob Hill para asistir al debate regular mensual de la Hastings Society en la Academia de Ciencias Naturales. A la altura de la antigua catedral de Santa María, Norton se sintió indispuesto, se tambaleó un poco y terminó desplomándose sobre la acera. Con toda probabilidad un traicionero derrame cerebral había acabado con su vida. La policía apartó sin miramientos a la multitud de curiosos que pronto se agolpó rodeando al cadáver del monarca y trasladó su cuerpo a la morgue de la ciudad. El reinado de Norton I, Emperador de los Estados Unidos y Protector de México, había concluido.
   
En sus bolsillos encontraron una moneda de oro por valor de 2,50 dólares, tres dólares de plata, y un franco francés fechado en 1828, con el rostro de Carlos X, último rey Borbón de Francia. También llevaba un importante fajo de billetes de 50 centavos del “Tesoro Imperial”, así como dos telegramas, uno del Presidente de la República Francesa, que decía "creemos que la reina Victoria le propondrá matrimonio a usted como un medio de unir a Inglaterra con los Estados Unidos. Considere no aceptar la proposición. Nada bueno saldrá de ello" y otra del zar Alejandro II de Rusia que decía "aprobamos todo de corazón y le felicitamos" como dando el visto bueno al “inminente matrimonio” de Norton con la reina Victoria,  Estos eran, por supuesto, bromas gastadas por algunas personas que se divertían a expensas del emperador.

   A la mañana siguiente, el San Francisco Bulletin publicó en primera plana: "Le Roi Est Mort" -El Rey ha muerto-. El Daily Alta California publicó un larguísimo obituario en el mismo día que dedicaba tan solo cuatro míseras líneas al discurso de investidura de George C. Perkins, recién elegido gobernador de California. Los principales diarios de Cleveland, Seattle, Denver, Filadelfia y Portland, informaron de su muerte. El Cincinnati Enquirer dedicó un emocionado y largo obituario bajo un subtítulo que decía "Un emperador sin enemigos, un rey sin reino, apoyado en vida gracias a la ofrenda voluntaria de un pueblo libre."

   Se calcula que hasta treinta mil personas, que se dice bien pronto, acudieron a ver al emperador Norton de cuerpo presente en la morgue. James Eastland, presidente del Club del Pacífico y  uno de los principales hombres de negocios que conocieron a Norton en los buenos tiempos, no permitió enterrar al monarca en una fosa común. Puso de su bolsillo todo el dinero necesario para que tuviera un funeral digno de un emperador y fuera enterrado con todos los honores. En la actualidad, los restos mortales del Emperador Joshua Abraham Norton, descansan en el cementerio Woodlawn Memorial Park, en Colma.

   Como nota final, el recuerdo del Emperador Norton ha sido plasmado en la literatura con mayor o menor fortuna. En su novela Las aventuras de Huckleberry Finn, Mark Twain creó el personaje de "el rey", basado en las andanzas de tan ilustre soberano. En la novela El Destructor, de Robert Louis Stevenson, se incluye a Norton como un personaje real. Quizás la historia de Norton llevada a la gran pantalla podría ser el espaldarazo definitivo al universal recuerdo de este ilustre personaje, para algunos un loco, para otros un impostor y para la gran mayoría del pueblo de San Francisco y del Estado de California, un Emperador con todos los galones. Ya imagino a Jeff Bridges en el papel del noble Emperador Norton, en una divertida película escrita y dirigida por los hermanos Cohen. ¿Que no?. 



Fuentes:

Norton I Emperador de EEUU, de Xavier Deulonder, Ediciones La Tempestad, S.L., 2007.

jueves, 8 de mayo de 2014

LA "ODISEA" DEL CARRITO EN REINA SOFIA



A continuación de estas letras, voy a poner en este, nuestro lugar de encuentro, una carta que he escrito al Diario Córdoba para la sección “cartas al director”, no sé si me la publicaran pero al menos me ha servido de desahogo. La carta en cuestión habla sobre uno de los tantos episodios que me han ocurrido durante el tiempo que he tenido que estar en el Hospital Reina Sofía de Córdoba debido al ingreso de una persona de mi familia, y que de alguna manera demuestra el estado de decadencia de este Hospital  respecto a la atención de los enfermos y también respecto a la consideración con los familiares que acompañamos a estos por parte de los que dirigen este servicio hospitalario, y que  claramente es  la consecuencia del expolio al que ha sido sometida España durante mucho tiempo. Así pues con todo mi respeto hacia  los trabajadores del Hospital, ya que la mayoría aun contando con muchos menos recursos que en tiempos de bonanza siguen trabajando duro por los pacientes, ahí va mi carta:
Hospital Reina Sofia 
fotografía de Wikipedia




La “odisea” del Carrito en Reina sofia



El pasado día 07/05/2014 llevé al Hospital Reina Sofía de Córdoba a mi madre ya que tenía concertada una prueba diagnóstica y posteriormente a dicha prueba tenía cita con el médico especialista. Llegamos al recinto hospitalario sobre las 13.10 h. accediendo por la entrada lateral, es decir por donde estaban las antiguas urgencias ya que cuando me concedieron la cita me recomendaron que entrara por allí para que un celador/a me ayudara con mi madre y me facilitara una silla de ruedas para poder trasladar a mi madre ya que está limitada físicamente. A las 13,40 h. teníamos que estar en la primera planta del edificio principal para la prueba y a las 15 h. en la primera planta de consultas externas para que nos viera el facultativo. Pues desde que llegamos a las 13.10 h. al hospital, no pude obtener un carrito de ruedas hasta las 14 h. En la entrada de las antiguas urgencias no había ningún carro y ningún celador, pregunté a trabajadores de aquella zona y nadie sabía nada y lo peor es que no acertaban a decirme donde tenía que ir a solicitar el carrito, fui a donde tenían que hacerle la prueba a mi madre y me topé con puertas cerradas, fui a hablar con los administrativos de consultas externas y unos decían que no tenían obligación de dar carros y otros llamaron por teléfono a celadores que igualmente decían que no podía ser, me mandaron subir una planta para buscar a un celador en una consulta que estaba totalmente vacía, hasta que desolado y sintiéndome totalmente impotente para trasladar a mi madre regresé a los asientos cercanos a la puerta donde la había dejado sentada junto a mi esposa, pasados unos minutos, fue mi señora la que fue a intentarlo por otro sitio y  por fin a las 14 h. se “apiadaron” de nosotros prestándonos un carrito y por supuesto sin ayuda de ningún celador, llegando tarde a la prueba diagnóstica y al especialista. Así pues de esta forma es  como se ayuda a las personas que necesitan algo en este país, y en concreto en nuestro Hospital Cordobés, no voy a dar ninguna opinión para terminar, solo desde aquí  voy a hacer una pregunta a la persona o personas que dirigen este centro y es la siguiente: ¿Si en lugar de ser un servidor, mi señora y mi madre los que llegamos al Hospital hubieran sido el Monarca Juan Carlos I, su esposa y su hijo, para que le hicieran al rey una prueba de su maltrecha cadera, hubiera habido carrito de ruedas para su majestad o también tendría que haberlo buscado el príncipe como lo estuve buscando yo?... Y una segunda cuestión que ya hablando del Rey sería para que la contestara él: “¿Tenemos todos los Españoles los mismos derechos y obligaciones hospitalarias o tiene mucho que ver la “pasta” del enfermo?”…  

 Y de los precios del “Badulaque” y de la “Cafeta” del Hospital Reina Sofía ya hablaré otro día porque eso también tiene “guasa”…Saludos.


lunes, 28 de abril de 2014

Reinventando el Dirigible


Pareciera que con la tragedia del Hindenburg se condenaba a la extinción a los colosos de la navegación aerostática y sus aplicaciones no científicas ni militares.. una imponente imagen que quedaba relegada a alguna película de estética steampunk, apariciones con aire retrofuturista como en la serie Fringe o a pasear mensajes publicitarios como los de GoodYear sobre la exaltada muchedumbre en la Super Bowl..


..y mal que nos pese, la investigación en este campo, cómo no podía ser de otra manera, se ha mantenido con propósitos militares e industriales, aunque es ahora, con los avances tecnológicos, la utilización de materiales más livianos y económicos, y, más importante aun, el uso irrenunciable de los recursos ecológicos y sostenibles, cuando ha experimentado un desarrollo espectacular, consiguiendo ser adoptada para potenciarla con fines sociales en sectores tan variados como el transporte, las comunicaciones, la publicidad y la asistencia sanitaria en lugares donde no es posible el acceso a los vuelos convencionales.

Un ejemplo destacado que incorpora toda la innovación de la ingeniería aerostática, es el LM P-791 de Lockheed Martin, (empresa que recibe encargos tanto del ejercito estadounidense, como del ámbito comercial privado) un modelo híbrido hélices~aerostático que utiliza Helio como gas sustentador.


el P-791 hizo su primer vuelo en 2006. Se vale de un sistema de presurización-despresurización para despegue y aterrizaje, auxiliado por 4 hélices. Dotado de equipo muy sofisticado de navegación, está capacitado para alcanzar -y sobrepasar, presume la compañía- los 5000 mts. de altitud, y cuenta con una autonomía de vuelo que le permite permanecer semanas sin tocar suelo, sin renunciar tampoco a actuar como carguero. Los bajos costos de mantenimiento de esta aeronave hacen viable la amortización de su construcción, teniendo en cuenta también el hecho de que no necesita de pistas de aterrizaje, virtud que lo convierte en una valiosa opción cuando se trata de llegar a lugares remotos, que carecen de vías de acceso, o en los casos de desastres naturales que imposibilitan la llegada de suministros.

El modelo de Loockheed Martin incorpora muchos sistemas similares al Dragon Dream
de la compañía Aeroscraft, contratada por el Pentágono y la NASA, compartiendo la idea de  aeronave híbrida de Helio, aunque difiere con este en el concepto escala, ya que el Dragon Dream tiene unas dimensiones descomunales, unos 80 mts. de longitud, el doble del P-791, evocando el tamaño de las enormes aeronaves en la desaparecida era de los Zeppelin.

prueba de elevación del Dragon Dream, dejando visibles los sistemas neumáticos para el aterrizaje y desplazamiento en tierra (idénticos a los del P-791)
el DD integra los avances más punteros en seguridad por su fabricación en materiales no combustibles y que al mismo tiempo repelen las igniciones por descargas eléctricas. Un minucioso y largo periodo de desarrollo han conseguido que el aparato supere las muy exigentes pruebas a las que ha sido sometido hasta obtener, este mismo año, las certificaciones necesarias para su puesta en servicio.



En un rango de tamaño radicalmente opuesto, Solarship ha diseñado aparatos que se benefician de las investigaciones en materia aeroespacial, fabricando aeronaves híbridas y versátiles con asombrosa autonomía de vuelo gracias a su cubierta de captadores fotovoltáicos que le permiten optimizar sus reservas de energía.



Las ventajas de este tipo de aviación, tambien han sido explotadas en nuestro país, concretamente en la Universidad Politécnica de Cataluña un equipo de estudiantes ha abordado un proyecto de gran envergadura, el Freighter Bird, un carguero de apariencia Zeppelin, con el cálculo y la documentación de costes en construcción, mantenimiento, consumo y sostenibilidad, llegando a la conclusión de la viabilidad del desarrollo que se presenta como alternativa factible y rentable al transporte tradicional en barco y avión.


render del Freighter Bird.

La aeronave dispone de captadores solares distribuidos por el casco, utilizando energía limpia sin emisiones de CO2. Despegue y aterrizaje sin infraestructuras de base, y una capacidad de carga de 200 toneladas.
Las características detalladas en su web de UPC:
http://www.upc.edu/saladepremsa/al-dia/mes-noticies/2010/estudiantado-de-la-etseiat-disena-un-dirigible-ecologico-de-transporte-de-mercancias 


Fuentes:
http://www.dailytech.com/
http://www.technobuffalo.com
http://www.solarship.com/aircraft/

viernes, 18 de abril de 2014

The Gardener

El mejor equipo del mundo mundial se tambalea,nadie encontraba una explicación coherente al mal juego culé,hasta que su capitán se percató y culpó al césped como causa pricincipal de sus últimas derrotas....Ha llegado: The gardener.

A partir de ahora,cogerá las riendas del cortacesped en todos los campos donde su equipo juegue...

 Se camuflará si es necesario para conseguir su objetivo...

Su nueva misión provoca el pánico allí donde va..,es su OBSESIÓN!
 


Mientras,por tierras vikingas siguen con su marcha triunfal...

 
Termino con la imagen entrañable del balon de oro,consolando a un chico con la camiseta del numero 10 que paseaba por allí...

jueves, 17 de abril de 2014

Gareth Bale. Principe de la copa


Ni el mismo Usain Bolt hubiera conseguido parar a Bale en su carrera para darle el título al Real Madrid.

FELICIDADES, Gareth


enjoy

jueves, 10 de abril de 2014

EL SARGENTO STUBBY, UN SORPRENDENTE HEROE DE GUERRA

   Este año se conmemora el centenario del comienzo de la Primera Guerra Mundial. La Gran Guerra. Lejos de entrar en los motivos que desencadenaron el conflicto bélico más grande y cruento de la historia de la humanidad, en el que participaron treinta y dos naciones y setenta millones de combatientes, o en las devastadoras consecuencias para la economía europea y mundial que provocó una contienda que se prolongó por espacio de casi cuatro años y medio, quiero centrar esta entrada en un héroe sorprendente que vivió en primera persona las miserias del soldado de trinchera, encuadrado en el 102º Regimiento de Infantería de la 26ª División Yankee de Massachussets, ganándose el respeto y la admiración de todos sus compañeros de armas, por su arrojo, valentía, sacrificio y sentido de la camaradería en el campo de batalla. Y todo a pesar de su pequeña estatura –Stubby significa “achaparrado” en inglés- y a su sorprendente corta edad. Porque Stubby entra por primera vez en combate a la tierna edad de un año. En realidad, cuando comienza la Gran Guerra Europea, allá por julio de 1914 y mientras franceses, británicos y alemanes se están repartiendo cera de lo lindo por esos embarrados campos de batalla europeos, Stubby aún no había nacido. Tampoco Estados Unidos, el país que lo vio venir al mundo y lo acogió en su seno, había entrado en guerra. ¿Increíble? No tanto si seguimos leyendo. Todo tiene su explicación.

   La historia del sargento Stubby comienza en abril de 1917, cuando finalmente Estados Unidos entra en guerra y nuestro protagonista es un pequeño ser que deambula por las inmediaciones de la Universidad de Yale, donde fuerzas de la Guardia Nacional estadounidense, concretamente el 1º de Connecticut de la zona de Hartford y el 2º de Connecticut de la zona de New Haven, montan un campo de entrenamiento e instrucción para mandar a sus muchachos con un mínimo de entrenamiento a la picadora de carne europea. A pesar de los esfuerzos de reclutamiento, ninguno de los dos regimientos logra reunir el número mínimo de efectivos necesario para formar un regimiento independiente de combate, por lo que el 1º y el 2º de Connecticut se unen para formar el 102º Regimiento de Infantería, asignado a la 26 División de Massachussets, la famosa división Yankee. Es en esta época cuando Stubby se une al Regimiento. Para quien aún no lo haya adivinado, Stubby es un feo chucho abandonado de raza indeterminada que vive en un inmundo cubo de basura en la Universidad de Yale.
    
   Un buen día, el soldado John Robert Conroy se cruza con el famélico animal y se apiada de él. Comienza a dejar comida fuera del barracón para que el animal se vaya acercando sin miedo y coja confianza. Con el paso de los días, el perro se va ganando a los muchachos de la compañía gracias a su simpatía e inteligencia, al punto que empieza a dormir dentro del barracón, junto con los soldados. Después de sólo unas pocas semanas merodeando por el campo de instrucción, observando a los soldados desfilar a diestro y siniestro realizando todo tipo de maniobras soldadescas, el perro aprende de memoria los malditos toques de corneta, ejecuta a la perfección las maniobras de marcha con los hombres, y -esto es lo más sorprendente- aprende a identificar a los oficiales superiores del resto de la tropa y a saludarlos reglamentariamente, poniéndose a dos patas con los cuartos traseros y llevándose la pata delantera derecha a la frente, en un perfecto saludo militar. Estaba claro que Stubby había nacido para la vida castrense.

   En octubre de 1917, cuando la 26 División se embarca hacia Francia a bordo del SS Minnesota, el soldado Conroy sube a bordo de contrabando a Stubby, escondido en su abrigo. Entonces las mascotas no podían llevarse al frente. Ahora creo que tampoco. Conrad, con la complicidad de otros compañeros de armas, mantiene escondido a Stubby en la carbonera hasta que el buque se adentra en alta mar. A los pocos días, los chicos llevan al perro a cubierta para que respire aire puro y juegue con ellos. La travesía hasta la Francia en guerra transcurre sin mayores contratiempos, entre las risas y el buen rollo de los soldados y marineros del Minnesota por las ocurrencias de Stubby. A uno de los maquinistas del barco, se le ocurre la brillante idea de fabricar al perro unas chapas de identificación idénticas a las de los hombres del 102º, chapas que Stubby lucirá con orgullo colgadas al cuello desde ese momento. Al llegar a Francia y desembarcar del SS Minnesota, el oficial al mando de Conroy descubre al perro escondido en su abrigo y comienza a echarle un rapapolvo al soldado de padre y muy señor mío, momento en el que Stubby aprovecha para ponerse a dos patas y saludar reglamentariamente al oficial en cuestión. No hace falta decir que en dos segundos el avispado can se metió en el bolsillo al oficial.

Stubby junto al soldado Conroy
   Con órdenes especiales en el bolsillo del soldado Conrad que permiten a Stubby acompañar como mascota a la 26 División, el 5 de febrero de 1918 el 102º de Infantería llega a las líneas del frente, en Chemin des Dames, al norte de Soissons. No corren buenos tiempos en la Francia en guerra. El Cuerpo Expedicionario Americano es considerado por los aliados como soldados de segunda clase poco fiables sin supervisión francesa, y la guerra de trincheras combinada con el gas letal, se toma su inevitable peaje en la moral de los hombres del 102º. Los alemanes, sabedores de que ese sector es ocupado por novatos soldados yankees, asedian sus líneas con fuego constante, día y noche, durante más de un mes, con el firme propósito de minar la moral. En esta situación, Stubby aporta su granito de arena levantando la moral de las tropas estadounidenses, recorriendo las trincheras arriba y abajo en mitad un tupido fuego de fusilería y de los bombardeos más feroces, con su habitual gracia y desparpajo.
  

   Su primera herida en combate se produce a consecuencia de un ataque con gas mostaza. Es llevado a un hospital de campaña cercano y cuidado como un soldado más hasta que sana, volviendo de nuevo al frente con sus compañeros del 102º. Está lesión en combate deja en su olfato una sensibilidad fuera de lo común al gas. Posteriormente, en Abril de 1918, durante una incursión para tomar al asalto Schieprey, Stubby fue herido en la pata delantera y el pecho por la metralla de una granada de mano, lanzada por los alemanes en retirada. Fue enviado de nuevo a la retaguardia para su recuperación, necesitando de una intervención quirúrgica para extraer la metralla y de seis semanas de recuperación. Como antes lo había hecho en el frente,  gracias a su buen carácter es capaz de levantar la moral de los médicos, enfermeras y soldados convalecientes. Cuando se recupera de sus heridas, Stubby vuelve de nuevo con su unidad a la rutina de las trincheras.


   Una noche de la primavera de 1918, los alemanes deciden atacar el sector ocupado por la compañía de Stubby con gas mostaza. Gracias a su fabuloso olfato, el perro olfatea antes que los hombres del 102º el agente contaminante y corre desesperado a lo largo de la trinchera, despertando a ladridos y mordiscos a los soldados, alertándolos del mortal ataque mucho antes de que las alarmas los prevengan para usar sus máscaras antigás, salvando así numerosas vidas. Después de llevar a cabo su trabajo, Stubby se aleja de la zona como alma que lleva el diablo, y no vuelven a verle el pelo hasta que el gas no se disipa por completo. Lógico si pensamos que el chucho no tenía máscara antigás.

   Después de encarnizados combates, son legendarias las excursiones de Stubby en tierra de nadie, localizando a heridos norteamericanos y alertando a los sanitarios de su posición para que sean rescatados y llevados zona segura para atender sus heridas. Y solo localizaba soldados aliados porque, por increíble que parezca, el can sabía diferenciar a la perfección el idioma inglés del alemán, conocía sin equivocarse una sola vez el uniforme alemán del norteamericano e incluso, por el olfato, distinguía a un compatriota de un boche. Un buen día de primavera de 1918, en una de sus famosas excursiones fuera de las trincheras, en el Argonne, localiza un bulto escondido entre unos matorrales. Se trata de un soldado alemán espía que está mapeando el emplazamiento de las trincheras aliadas. Cuando lo reconoce como soldado enemigo, se abalanza sobre él atacándolo y dejándolo inmobilizado, hasta que los soldados estadounidenses llegan al lugar alertados por los ladridos y se encuentran con el pastel. Por esta valerosa acción en el campo de batalla, Stubby es ascendido con todos los honores al rango de sargento, por el comandante del 102º Regimiento de Infantería de los Estados Unidos, convirtiéndose en el primer perro que logra tal puesto en el escalafón del Ejército norteamericano.

   Stubby también estuvo presente en la liberación de Chateau Thierry, donde impresionó tanto a los habitantes de la ciudad, que las mujeres le confeccionaron a medida una manta de gamuza en la que bordaron las insignias de su regimiento y las banderas aliadas. En esta manta sus compañeros añadieron su nombre, sus galones de sargento y las medallas conseguidas en combate. Porque, aunque parezca inaudito, Stubby consiguió varias medallas por su valor en el campo de batalla, la primera de ellas en el sitio de Neufchateau, muy cerca de la casa de Juana de Arco. A la manta, los hombres del 102 añadieron una guerrera diseñada de forma similar al uniforme militar estadounidense. Huelga decir que ambas prendas Stubby las lucía con total naturalidad.

Stubby, Museo Smithsonian
   Nuestro protagonista, que sobrevivió durante dieciocho meses a todos los horrores de la Gran Guerra entre el barro, las miserias y las atrocidades de los campos de batalla europeos, enrolado en el Cuerpo Expedicionario Estadounidense, participando en diecisiete de batallas y cuatro ofensivas -St. Mihiel, Meuse-Argonne, Aisne-Marne y Champaña Marne-; regresó a su país sano y salvo en brazos de su fiel amigo, el cabo Conroy, aquel muchacho que se apiadó de él en el Campus de Yale cuando apenas era un cachorro. Al llegar a su país, fue recibido como un héroe, destacando sus hazañas en la práctica totalidad de los periódicos del país. Fue nombrado miembro vitalicio de la legión americana, conoció a tres presidentes de los Estados Unidos -Wilson, Harding y Coolidge- incluidas dos visitas oficiales a la Casa Blanca, fue condecorado personalmente por el general Pershing con la medalla de oro por sus acciones humanitarias en el campo de batalla, y fue nombrado miembro vitalicio de la Cruz Roja. Entre las condecoraciones que recibió a lo largo de su vida destacan:

- La medalla francesa de la Batalla de Verdun.
- Medalla New Haven de los Veteranos de la IGM.
- Medalla División Yankee YD
- Gran Medalla de Guerra de la República de Francia
- Medalla de oro de la Humane Education Society.
- Medalla de la campaña de St Mihiel
- Medalla de la campaña de Chateau Thierry
- El Corazón Púrpura.

   A partir de 1921, acompañó a Conroy cuando éste decidió retomar sus estudios en la Universidad de Georgetown Law Center, convirtiéndose en la mascota oficial del equipo de fútbol americano “Las Hoyas de Georgetown". En el descanso de cada partido, para delirio de los aficionados, Stubby saltaba al campo haciendo toda clase de gracias empujando la pelota alrededor de todo el campo. Así pasó el resto de sus días hasta que fallece en 1926 en brazos de Conroy. Su cuerpo disecado se exhibe en la exposición “The Price of Freedom: Americans at War” sita en el Museo Smithsonian de Washington. Finalmente, en una ceremonia celebrada el 11 de noviembre de 2006, fue honrado con un ladrillo en el “Walk of Honor” de la WWI del “Liberty Memorial” de Kansas City, conmemorando el día del armisticio.


Fuentes

Sergeant Stubby: How a Stray Dog and His Best Friend Helped Win World War I and Stole the Heart of a Nation. by Ann Bausum


martes, 8 de abril de 2014

Bye, XP, bye.

Confesémoslo; han sido 12 años trasteando el XP. Una relación amor-odio a partes iguales, y hoy se queda solo, a su suerte, abandonado por el soporte de Microsoft.


admitamoslo; da penita..
Vikingo en Jefe



Windows Vista fue un mojón escrito sin comillas, y fuimos muchos los que regresamos a XP. Con Windows 7 arreglaron el fiasco y con Windows 8 acertaron a medias, pero ninguno de los dos logró expulsar al abuelo XP que ha seguido aguantando hasta que Microsoft hoy día lo ha sentenciado a muerte… Yo por dar la lata y después de lo que me molestó que quitaran el Botón de Inicio en Windows 8 aunque intentaron arreglarlo poniendo otro Botón en Windows 8.1 que tampoco me acaba de gustar del todo, desde aquí grito al mundo: “INSTALEMOS UBUNTU” bueno y también añadiría un: “Y QUE SE JODAN…JEJEJE”.

D.E.P. WINDOWS XP…
Juan Almansa

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