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viernes, 29 de diciembre de 2017

ESPECIAL PROFECÍAS 2018

Estamos de vuelta un año más, con nuestro tradicional especial dedicado a las profecías del próximo año. Uno año, el 2018 que nos espera plagado de misterios a la vuelta de la esquina. Desde que la evolución dota al hombre de consciencia, en un proceso que todavía es una de las grandes incógnitas de la ciencia, nos hemos sentido particularmente atraídos por lo que nos depara el futuro. Llevamos perdidos decenas de miles de años intentando ver algo de luz entre las tinieblas del futuro, usando decenas de técnicas, más o menos afortunas, para mostrarnos el mañana. En la antigüedad, sumerios y egipcios leían el firmamento para sus predicciones, buscando fenómenos astronómicos relacionados con acontecimientos mitológicos y elaborando complejos calendarios; griegos
y romanos usaron el oráculo para, a través de sacerdotes y pitonisas, preguntar a dioses paganos sobre el futuro ignoto, y los etruscos practicaron, entre otras, la hieroscopia, una repugnante técnica consistente en degollar un animal y examinar sus entrañas en busca de una respuesta al futuro. Hemos usado durante siglos la astromancia, la lectura de los posos del café, las hojas de té, el arte de adivinar el futuro a través de los sueños, llamado oniromancia, la quiromancia, la adivinación, la profecía, la lectura de cartas... incluso la interpretación de las últimas palabras de un moribundo antes de la emisión de su último suspiro. ¿Y qué hemos conseguido? En apariencia nada.

Si habéis seguido todos los especiales dedicados a las profecías del nuevo año que hemos ido publicado a lo largo de todo este tiempo, si además sois ávidos lectores de todo lo relacionado con el tema, a poco que seáis mínimamente objetivos llegaréis a la misma conclusión: EL FUTURO NO ESTÁ ESCRITO, ni siquiera lo que va a ocurrir en las próximas horas. Peeero, como el intentar saber qué nos deparará el futuro está profundamente arraigado en la raza humana, a riesgo de equivocarnos una vez más en las predicciones, a continuación os dejamos recopiladas las más catastróficas, delirantes, absurdas y extravagantes revelaciones para este 2018 a punto de ver la luz. 

Empezamos con nuestro querido Nostradamus, siempre tan dispuesto a darnos alegrías en forma de catástrofes apocalípticas. En su libro “Les Propheties”, aparece una cuarteta que supuestamente describe la llegada de la tercera guerra mundial (otra vez) “Comenzará una gran guerra entre las dos grandes potencias mundiales y durará un
periodo de 27 años. Un momento de gran violencia coincidirá con la aparición de un cometa en el cielo. Un terrorismo nuclear y catástrofes naturales destruirán nuestro planeta hasta que un planeta gigante se aproxime a la Tierra”. Y no solo eso nos espera, según el bueno de Nostradamus. La erupción del Vesubio con 16.000 víctimas mortales (ni una más), un terremoto en el área occidental de Estados Unidos o problemas en el campo debido a una devastadora ola de calor, se sirven como propina. 

La vidente afincada en Barcelona, Rossana Lara, se muestra muy preocupada y ha señalado que “el planeta está muy enfadado con el ser humano y en 2018 se lo va a hacer saber con más fuerza. Habrá terremotos fuertes en Norteamérica, Sudamérica, y también uno en España. El terremoto de Estados Unidos será en la falla de San Andrés y el de la península, en Almería.” 

Mhoni, la famosa vidente cubana añade que el 2018 nos depara que “la guerra entre el bien y el mal se hará vigente; vienen  cosas fuertes. Va a ser una año de tsunamis y ciclones. Veo el asesinato de dos presidentes en América. Uno será por golpe de estado y otro por atentado...” También ha revelado que “el 2018 será un año complicado en todos los 

sentidos y con muchos fenómenos meteorológicos.” Y respecto al fútbol, y esto es algo que no va a gustar a muchos, ha previsto que el Real Madrid en 2018 no ganará ningún torneo, ni Campeón de Europa, ni de Liga ni nada de nada. No nombra el trofeo “Carranza” ni el “amigos de Figo y Ronaldo” por lo que no descarten que tampoco gane estos prestigiosos torneos. 


Y para terminar, la vidente colombiana Desert Tavares nos adelanta un año 2018 plagado de malas noticias. Estados Unidos y Corea del Norte entrarán en guerra. "Este enfrentamiento entre estas dos naciones desatará la 'Tercera Guerra Mundial', la cual daría inicio en el mes de mayo. Estados Unidos se verá atacada por Corea del Norte, que atacará ciudades como San Francisco, Chicago, Washington  y Nueva York. El conflicto que hoy se está despertando entre Israel y Palestina será uno de los detonantes de la guerra, aunque veamos que  es aislado se convertirá en uno de los detonantes". Donald Trump, y en esto coincide con Mhoni, sufrirá un atentado que podría ser mortal. También nos adelanta que seguirán los atentados perpetrados por el Estado Islámico y se aventura a darnos lugares: uno muy grande antes del mundial de Rusia, otro en un concierto o en un estadio, y otros tantos en el puente de Brooklyn en Nueva York y en una escuela en Estados Unidos. 

Si, ya se. No he dicho quién va a ganar en Mundial de Rusia 2018. Si es que queréis saberlo todo. Bueno pues ahí va el “spoiler”. A falta del añorado pulpo Paul, famoso en

2010 por sus acertadas predicciones, tiramos de lo que nos queda. Curioseando un poco por la red, he visto que Mhony Vidente asegura que el campeón del mundo estará entre Alemania, Francia y Brasil, mientras que el horóscopo chino, que basa su definición en que el año venidero será el año del perro, y teniendo en cuenta que solo dos países ganaron el torneo con ese animal: Brasil e Italia, el campeón será Brasil, puesto que Italia, como todo el mundo sabe, no se ha clasificado. Por otro lado Desert Tavares apuesta por Argentina y Lionel Messi como mejor jugador; y el vidente brasileño Carlinhos por el contrario, no dice quien va a ganar el mundial pero sí adelanta que Brasil no será campeona y que Neymar no irá al mundial por culpa de una grave lesión.


Y llega a su fin este Especial Profecías 2018. Para terminar como siempre, en un año y si los hados nos son favorables, nos vemos por aquí para comprobar con una sonrisa en los labios, cuántos de estos disparates se han cumplido.

miércoles, 7 de diciembre de 2016

ESPECIAL PROFECÍAS 2017

Amigos, que el apocalipsis zombie está cerca es un hecho incuestionable a estas alturas de nuestra mísera existencia como raza humana. Como habitantes de un planeta de quinta categoría, perteneciente a un sistema solar ubicado en los suburbios de una galaxia perdida en la inmensidad del universo infinito, nuestro destino está sellado. Las señales, preludio de una catástrofe inevitable, han sido claras en este año 2016 que nos abandona para no volver jamás. Brexit, devastadores terremotos, catástrofes aéreas, tormentas solares, asteroides amenazantes, espantosos atentados terroristas, olas de calor asfixiante, Trump presidente, desoladores ciclones, muerte de Fidel Castro (ya era hora…), el año internacional de las legumbres…

Para los expertos en esto de las profecías, son indiscutibles las predicciones, el vaticinio y demás conjeturas reveladas por las señales de los astros, los posos del café, las hojas de té, las cartas del tarot o los churretes en los calzones. El fin del mundo está a la vuelta de la esquina. La muerte nos espera agazapada, con su siniestra capucha negra, portando una afilada guadaña en sus esqueléticos dedos fríos y muertos, para rebanarnos sin esfuerzo el gaznate de un solo golpe, mientras nos observa con una sonrisa cadavérica a través de sus insondables y vacías cuencas oculares. Y sin embargo cada año volvemos a escribir esta entrada, señal inequívoca de que seguimos vivitos y coleando, pululando a nuestras anchas por este mundo miserable, tomándonos con cierta guasa todas las predicciones fatalistas para el año que comienza. Porque de eso se trata. Tomar con ironía el fatalismo innato del ser humano. Y este año no íbamos a ser menos, aunque el Evangelio de San Lucas (21:25-26) se empeñe en que apretemos el orto y nos obligue a acurrucarnos en un rincón a la espera de una muerte inminente: “ENTONCES habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, confundidas a causa del bramido del mar y de las olas; desfalleciendo los hombres por el Temor y la Expectación de las cosas que sobrevendrán en la tierra; porque las Potencias conmovidas serán los Cielos.” Perturbador, sin ninguna duda.

Como perturbadoras son las revelaciones para 2017 de nuestro profeta de cabecera, el ilustre Michel de Nôtre-Dame, más conocido en los ambientes por Nostradamus. Si hubiera sido torero, su nombre artístico bien podría haber sido El Niño de la Hecatombe. Porque de eso nos avisa para 2017. Sin ir más lejos, Nostradamuns nos pone en aviso de que a causa de una crisis internacional sin precedentes incitada por Kim Jong-un, el jovial y atractivo dictador de Corea del Norte, provocada al probar un arma nuclear y difundir una extraña fotografía de sí mismo, amenazando con usarlas sin piedad contra Estados Unidos y sus indefensos vecinos de Corea del Sur, el tirano será destronado, buscará refugio en Rusia y las dos Coreas terminarán fusionándose con el mismo entusiasmo con el que las dos Alemanias se unieron a finales del siglo XX. Es cuanto menos curioso que todos los sátrapas del orbe terminen pidiendo asilo político a Vladimir Putin.

Robert Vicino, el magnate empresario de la fabricación, comercialización y desarrollo de búnkeres y ahora también profeta en sus ratos libres, ha vaticinado para el año 2017 nada más y nada menos que la destrucción masiva del planeta Tierra ¡matándonos a todos!, a causa de la colisión con Nibiru, el planeta natal de los Anunaki, los alienígenas ancestrales que tuvieron la mala suerte de crear a la raza humana, entre otros desmanes. Pero eso no es todo, el señor Vicino ha tenido la delicadeza de proporcionarnos una fecha específica para este acontecimiento estelar sin precedentes: diciembre de 2017. Y para cuando llegue el momento vas a desear estar muerto. Así que antes de que suceda, según el señor Vicino tenemos tres opciones: o bien estar en la zona cero, con lo cual seremos vaporizados ipso facto acabando de un plumazo con todas nuestra preocupaciones; vivir de forma miserable en el infierno en la Tierra o, si tenemos la oportunidad de llegar a un refugio, tomar ventaja de eso y vivir como pachás. Para más dudas contacten con la empresa VIVOS, http://www.terravivos.com/secure/reserve.htm propiedad de nuestro amigo Robert Vicino, y consigan a precios populares su tarjeta de embarque a la red privada de refugios subterráneos de supervivencia, fabricados para soportar prácticamente cualquier amenaza o catástrofe de forma autónoma, durante un mínimo de un año. Recordad, resisten prácticamente.

Pero los desvaríos sobre el fin del mundo no acaban con el espabilado de Robert Vicino. Qué va. Siguiendo con los caprichos de los astros, un grupo de cristianos, supongo que muy fumados o algo peor, han predicho que el eclipse solar previsto para el 21 de agosto de 2017, que será total en EE.UU. y parcial en el Reino Unido, sobre todo  Escocia e Irlanda del Norte, será el principio del fin de los tiempos y el rechinar de dientes. Y han llegado a esta conclusión de una manera un tanto singular. Han tenido en cuenta ni más ni menos que en 2017 se cumple el septuagésimo aniversario de la creación del Estado de Israel (no consigo entender el significado). Esto junto con algunas teorías anteriores (no dicen cuales), las fiestas de otoño y primavera (querrán aprovechar algún puente festivo antes del final de los tiempos) y las revelaciones de versos atribuidos a un rabino del siglo XII, se atreven a afirmar con seguridad matemática que todos vamos a morir. Sin embargo, hay una ventana para nuestra destrucción. Aseguran sin ningún género de dudas que el apocalipsis comenzará el próximo año y continuará durante otros siete años más, hasta terminar con la aniquilación total en el año 2024. Al menos, antes de que todos terminemos convertidos en estatuas de sal o algo peor, nos dan siete años de moratoria para realizar todo eso que nunca hemos confesado y no nos hemos atrevido a hacer. Como consuelo decir que la NASA no se ha pronunciado al respecto. Algo es algo.

Mhoni Vidente
Y para terminar, la líder espiritual cubana llamada Mhoni Vidente también quiere estremecernos confirmando que en 2017 todo se va al garete. Frente a las cámaras de la televisión mexicana y sin miedo a parecer una fumeta en plena alucinación psicodélica, afirmó lo siguiente: “Yo estaba sentada, pero yo veo cómo muchas luches en el cielo se empiezan de colores, pero hay una luz muy fuerte color amarilla y roja, para el mes de pascua, o sea marzo o abril, que va a ser como una luz amarilla que cubre completamente la Tierra. Pero lo más raro es que veo a la gente que se queda muda, que no habla”. La astróloga agregó que el fin del mundo podría ser causado porque el Sol se acercará al planeta o algo que tiene que ver con las comunicaciones. “Va a pasar algo muy fuerte… el Sol se come a la Tierra”. Queda todo dicho.

Para terminar como siempre, en un año y si los hados nos son favorables, nos vemos por aquí para comprobar con una sonrisa en los labios, cuantos de estos disparates se han cumplido.

viernes, 26 de diciembre de 2014

ESPECIAL PROFECIAS 2015

   Un año más volvemos a tratar uno de los temas que más atraen a los lectores de El Pozo de Esparta. Como todos podemos comprobar, la humanidad sigue aquí, campando a sus anchas. No hemos sido arrasados por un meteorito justiciero, aniquilados por una mega erupción volcánica, ni extinguidos por un nuevo Diluvio Universal. No, amigos. Aquí seguimos, vivitos y coleando. Una gran decepción para algunos y un inmenso alivio para la mayoría. Si leemos las profecías vaticinadas para el apocalíptico y agonizante 2014 apuntadas en nuestro Especial Profecías 2014, nos daremos cuenta de inmediato que el eminente astrofísico ruso Jabibul Abdusamatov, jefe de investigaciones espaciales del Observatorio de Pulkovo (Rusia), se pasó con el vodka al revelar a bombo y platillo que en el año 2014 comenzaría una nueva era glacial que acabaría con el mundo tal como lo conocemos. Tampoco ha llegado una gran nube de polvo cósmico para destruir la Tierra y por extensión todo el Sistema Solar, como apuntó el también astrofísico –y tío cenizo en sus ratos libres- Albert Sherwinski; como tampoco, para gran alivio de la humanidad, fuimos absorbidos el 1 de junio de 2014 por una gigantesca nube ácida, con una superficie de dieciséis millones de kilómetros cuadrados, fruto de un agujero negro, como aseguró en su día la panda de chalados iluminados que dirigen el observatorio estadounidense Chandra, de la NASA.

   Y no, en 2014 no ha muerto Fidel Castro, no se ha quemado la Ciudad de México hasta los cimientos, no se ha inundado Nueva Orleáns, Japón no ha construido una bomba nuclear (que sepamos) y tampoco se han ido al otro barrio ni el Papa ni el Dalai Lama. Pero, y sin que sirva de precedente, en 2014 hemos tenido un acierto. Si amigos: UN ACIERTO PLENO. Sin medias tintas, absurdas interpretaciones, ni nada por el estilo. La diva psíquica Marcia Fernandes dio en el clavo cuando vaticinó en un festival esotérico celebrado ante 40.000 en Sao Paulo, que Alemania ganaría la gran final de la Copa del Mundo 2014. Impresionante.

   
Y esto es, a grandes rasgos, el repaso a las profecías (o las meteduras de pata) de 2014. Pero esto ya no le importa a nadie. El año está a punto de morir y nos espera a la vuelta de la esquina un incierto 2015, lleno de peligros, malos presagios y calamidades. Nuestros lectores quieren saber, necesitan descifrar, las amenazas que esconde en sus entrañas cada uno de los días que modelan a este desconocido 2015. Vamos con ellas.

   La ya fallecida clarividente ciega búlgara, Baba Vanga, famosa por hablar con criaturas invisibles que le daban información y que eran la base de sus habilidades, predijo que desde principios de 2015 el mundo se sumergirá en una guerra tecnológica que comportará cambios de fronteras y destrucción a escala universal. Además, la mitad de países de Europa, de América de Sur y la mayor parte del sudeste asiático quedarán sumergidos bajo el océano, por lo que la mayoría de la población de esos países se trasladará a América del Norte y Rusia.

   El famoso crononauta John Titor, dejó escrito que en el 2015 Rusia lanzará un ataque nuclear contra las grandes ciudades de Estados Unidos, China y Europa. Los Estados Unidos contraatacarán. Ciudades de Estados Unidos como Washington D. C. y Jacksonville, Florida, quedarán arrasadas pero Estados Unidos ganará la guerra. La Unión Europea y China serán destruidas. ¿Y de quien será la culpa? De árabes y judíos, por supuesto. Menudo chalao.

   Los profetas españoles Jesús Gabriel, astrólogo de cartas para más señas,  la "vidente" a través de las
cartas del tarot Maria del Mar Tort y las "videntes" Rossana y Elvira Freire no se ponen de acuerdo en sus presagios, para gran sorpresa de todos. Unos dicen que Podemos ganará las elecciones, otros que el PP ganará “por mayoría total”; hay quien asegura que el Madrid ganará la Liga, para asombro del que afirma que la ganará el Barça o incluso el Atlético de Madrid. En lo que sí coinciden los cuatro es en asegurar la independencia de Cataluña debido a "unas impresionantes cruces cósmicas". ¿Las trece millones de naves de Antarcharán que adelantó en su día Carlos Jesús? Veremos.

 “El sol se convertirá en tinieblas, Y la luna en sangre, Antes que venga el día del Señor, Grande y manifiesto”. -Hechos 2:20- “Entonces habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, confundidas a causa del bramido del mar y de las olas; desfalleciendo los hombres por el temor y la expectación de las cosas que sobrevendrán en la tierra; porque las potencias de los cielos serán conmovidas”. -Lucas 21:25-26- “Vi que el Cordero rompió el sexto sello, y se produjo un gran terremoto. El sol se oscureció como si se hubiera vestido de luto, la luna entera se tornó roja como la sangre”. -Apocalipsis 6:12-. Desde los tiempos de la Biblia, las lunas rojas o lunas de sangre han provocado en la humanidad flojera de esfínter. Este año también tendremos dos lunas de sangre las noches del 4 de abril de 2015 y el 28 de septiembre de 2015. Son muchas las personas que creen, son sin cierta dosis de chaladura, que esta anormal serie de Lunas de Sangre traerá la destrucción a la Tierra. Como el pastor John Hagee, quien afirma que “Dios está tratando de comunicarse con nosotros de una manera sobrenatural”. En declaraciones a CBN News, Hagee dijo “creo que en estos próximos  años, vamos a ser testigos de un acontecimiento muy dramático en el Medio Oriente que involucra a Israel y que cambiará el transcurso de la historia en el Medio Oriente y en todo el mundo”. Por su parte, expertos en profecías y numerología han confirmado sin lugar a dudas, que la aparición de esta anormal serie de Lunas de Sangre tendrá lugar en días de fiesta judíos, dando implicaciones verdaderamente asombrosas y apuntando a una guerra en Israel y, posiblemente, el surgimiento del anticristo. Yo sin embargo, soy de los que opinan que este acontecimiento inusual se trata de una bella y maravillosa manifestación de la naturaleza. Quizás el chalado sea yo, no lo descarto del todo.

   Y para terminar, como no, acudimos a nuestro profeta de cabecera, el boticario de origen francés don Michel de Nôtre-Dame, más conocido en el mundo de la farándula por su nombre artístico: NOSTRADAMUS. Haciendo una selección de las profecías para 2015 que escribió hacia el siglo XVI en su famoso libro, y dejando a un lado auténticos disparates sin sentido, como muertos saliendo de sus tumbas y tal, estas son sus profecías más llamativas:

- El Vesubio entrará en erupción hacia finales de 2015, o principios de 2016. En caso de que ocurra durante el día, la región afectada quedará sumida en la oscuridad de la noche absoluta.

- Un terremoto seguido de una mortífera erupción volcánica, destruirá el oeste de los Estados Unidos

- La radiación solar se intensificará en el planeta, quemándolo lentamente.  

Y poco más. Sigo asombrado con el gusto de la humanidad por un bonito, espectacular y pavoroso fin del mundo. Anticristos, inundaciones, sequías, complots, asesinatos, horribles enfermedades, radiaciones, llamaradas, venidas apocalípticas de extraterrestres, terremotos, meteoritos y demás chorradas, nos gustan más que comer con los dedos. En fin, en un año y si los hados nos son favorables, nos vemos por aquí para comprobar con una sonrisa en los labios, cuantos de estos disparates se han cumplido.


FELIZ 2015. 

domingo, 19 de octubre de 2014

JUEGO DE TRONOS EN CORDOBA



   Esta semana el Puente Romano de la ciudad de Córdoba ha estado cerrado al público durante unas horas para que un equipo de veinte personas, entre técnicos e iluminadores de la HBO, una de las grandes generadoras de series de ficción de calidad, colocasen sus equipos de cámaras e iluminación e incluso utilizasen un drone para sobrevolar la zona y tomar imágenes del río Guadalquivir a su paso por Córdoba. Pese al secretismo que rodea al rodaje, los guionistas David Benioff y Daniel B. Weiss, han revelado en un encuentro con fans de la serie celebrado el martes 14 de octubre en el Teatro Central de Sevilla, que para la quinta temporada de la exitosa serie Juego de Tronos, el Puente Romano de Córdoba y sus alrededores serán utilizados para recrear en la ficción la ciudad de Volantis, la más antigua y sureña de las ciudades libres, localizada al este de las Tierras de la Discordia, en el delta del Rhoyne, uno de los míticos enclaves creados por la imaginación del escritor y guionista George R.R. Martin, famoso por ser el autor de la serie de novelas Canción de hielo y fuego, adaptadas para la televisión con el título de Juego de Tronos. 


Volantis
En concreto, el Puente Romano de Córdoba recreará al Puente Largo de Volantis sobre el Rhoyne, río usado por piratas como guarida, que forma un gigantesco delta en su desembocadura, en el que se asienta la ciudad libre de Volantis. El Puente Largo es un gran puente esculpido en piedra, con un camino soportado por pilares masivos construidos en el apogeo el imperio valyrio. Su calzada es lo suficientemente ancha como para que circulen dos carretas en ambos sentidos. En el centro del puente se muestran las manos cortadas de ladrones y criminales ejecutados.  

   Pese a que en esta ocasión no se ha desplazado equipo artístico a la ciudad de Córdoba, dada la importancia de Volantis en la trama de Canción de Hielo y Fuego, no se descarta que en los próximos días viajen a Córdoba actores de la serie para rodar algunas escenas de exteriores. Los lectores de las novelas de George R.R. Martin (¡¡¡ATENCION, ESPOILER!!!) recordarán, entre otros acontecimientos, a ser Jorah Mormont llevando a su prisionero Tyrion Lannister a Volantis, para encontrar pasaje en barco hacia Meereen y reunirse con Daenerys Targaryen. La Compañía Dorada, Quentyn Martell, Penny, La Viuda del Puerto o el sacerdote rojo Morroqo, también tienen su protagonismo en Volantis.

   Volantis, un enclave caluroso y húmedo, es la ciudad libre más cercana a la Bahía de los Esclavos, a unas quinientas cincuenta leguas de Meereen. Fue la más grande y poblada de las nueve Ciudades Libres pero las guerras y la decadencia despoblaron buena parte de la ciudad. Antiguamente, fuentes, estanques y flores decoraban sus calles y plazas pero en la trama de las novelas de Martin, Volantis se ha convertido en una ciudad hedionda de muros agrietados, tiendas abandonadas y templos sin tejado, donde el aroma a flores  ha sido sustituido por un olor repulsivo, mezcla de pescado podrido, flores y estiércol de elefante. A pesar de ello, la ciudad aún mantiene grandes monumentos construidos en el apogeo valyrio, entre ellos el famoso Puente Largo. 

 ¿Veremos paseando por Córdoba a Iain Glenn o a Peter Dinklage, actores que encarnan a ser Jorah Mormont o a el Gnomo? En Juego de Tronos todo es posible.


     



martes, 16 de septiembre de 2014

LA LAGUNA GUATAVITA Y LA LEYENDA DE "EL DORADO"

   Hoy día muchas personas creen que la leyenda de El Dorado es un mito sin más que enloqueció a innumerables exploradores españoles del Nuevo Mundo, en la búsqueda de un enriquecimiento fácil a cualquier precio. Sin embargo El Dorado existió, aunque con el paso de los años la leyenda fue exagerada por unos y otros, alimentada con descomunales historias de antiguas ciudades plagadas de riquezas, bañadas en oro y piedras preciosas, hasta el extremo de despertar una desmesurada fiebre del oro que provocó no pocas espantosas matanzas entre la población indígena e incluso sangrientos enfrentamientos entre los propios europeos que rivalizaban por apropiarse de tan fabulosos tesoros. En sus frenéticos recorridos por las montañas, junglas y sabanas sudamericanas, los aventureros europeos nunca satisficieron totalmente su apetito por ganancias fáciles. Pero casi por accidente, impulsados por la codicia del oro, exploraron y cartografiaron casi todo un continente, soportando increíbles penurias por terrenos desconocidos, diezmados por climas adversos, animales salvajes y nativos hostiles.

   El origen de la leyenda lo encontramos a principios del siglo XVI. Conforme los exploradores españoles se internaban en el continente sudamericano, en cada poblado indígena contaban, con ligeras variaciones, la misma fabulosa historia de hombres de oro y extraordinarias ofrendas de piedras preciosas a los dioses, despertando la codicia de los extraños hombres barbudos, llegados de lugares ignotos a aquellas tierras paradisíacas, a bordo de sus casas flotantes de madera, o montados a lomos de extrañas bestias.

En aquella laguna de Guatavita, se hacía una gran balsa de juncos, y aderezabanla y adornábanla lo más vistoso que podían; metían en ella cuatro braseros encendidos donde quemaban mucho moque, que es el sahumerio de esto naturales, y trementina con otros muchos y diversos perfumes.  Estaba a este tiempo toda la laguna en redondo, con ser muy grande y hondable de tal manera que puede navegar en ella un navío de alto bordo, la cual estaba toda coronada de infinidad de indios e indias, con mucha plumería, chaguales y coronas de oro, con infinitos fuegos a la redonda, y luégo que en la balsa comenzaba el zahumerio, lo encendían en tierra, en tal manera, que el humo impedía la luz del día. A este tiempo desnudaban al heredero en carnes vivas y lo untaban con una tierra pegajosa y lo espolvoreaban con oro en polvo y molido, de tal manera que iba cubierto todo de este metal. Metíanle en la balsa, en la cual iba parado, y a los pies le ponían un gran montón de oro y esmeraldas para que ofreciese a su dios. Entraban con él en la balsa cuatro caciques, los más principales, sus sujetos muy aderezados de plumería, coronas de oro, brazales y chagualas y orejeras de oro, también desnudos, y cada cual llevaba su ofrecimiento. Concluida la ceremonia batían las banderas. Y partiendo la balsa a la tierra comenzaban la grita, con corros de bailes y danzas a su modo. Con la cual ceremonia quedaba reconocido el nuevo electo por señor y príncipe. (Narración original de la leyenda de El Dorado, contada por Juan Rodríguez Frayle, en “El Carnero” año 1636)

  El origen de El Dorado lo encontramos en la actual Colombia, a 63 kilómetros al norte de Bogotá, en el bello parque natural de la Laguna Guatavita enclavado en el municipio de Sesquilé y en sus terrenos adyacentes, en la actualidad anegados por el embalse de Tominé que se extiende por terrenos de la cabecera municipal de Guatavita y el municipio de Sesquilé, en una superficie de 18 Kilómetros de largo por 4 ancho y 50 metros en promedio de profundidad, antiguo territorio sagrado de la cultura muisca. La laguna Guatavita es un hermoso lago circular de aguas puras y cristalinas, de 400 metros de diámetro, rodeado de bosques nativos de encenillos, situado a una altitud de 3.100 metros sobre el nivel del mar, en la cordillera Oriental colombiana. Alimentado por aguas subterráneas, se cree que se formó por un colapso producido por la disolución de los peculiares estratos salinos característicos de la región. Guatavita y El Dorado es la historia de un desesperado Gonzalo Jiménez de Quesada, acuciado por el hambre, las enfermedades, las fieras y los indígenas, en su búsqueda de una ruta hacia el Perú, que salvara del exterminio a la agonizante colonia de Santa Marta. Comenzamos.

   A finales del año 1535, el joven licenciado en derecho por la Universidad de Salamanca, Gonzalo Jiménez de Quesada, cordobés de nacimiento y granadino de adopción, se enrola con la expedición del Adelantado Pedro Fernández de Lugo, en su viaje a la recientemente fundada colonia de Santa Marta, en la actual Colombia, con el cargo de teniente de gobernador y la misión de administrar justicia en los nuevos territorios conquistados. La expedición estaba formada por tres magníficos buques, el galeón San Cristóbal, cuyo maestre y piloto era el sevillano Men Rodríguez de Valdés, la nao Santa María, cuyo maestre era el italiano Nicolao di Napoli y la nao Santi Spiritus cuyo maestre era el italiano Alesandre Cortese, con una dotación total de 1.200 hombres muy bien equipados, muchos con experiencia militar en las guerras europeas.

Gonzalo Jiménez de Quesada
   Santa Marta estaba enclavada en un terreno hostil y conflictivo. Los indios nativos no admitían someterse al invasor, dominaban el uso del arco y la flecha, utilizaban poderosos venenos, y tenían además el recurso de alejarse de la costa hacia las estribaciones de la Sierra Nevada o de ocultarse entre las zonas boscosas de la región. Practicaban la tan efectiva guerra de guerrillas para defenderse de los barbudos invasores. Toda la zona vivía en un estado de guerra continua, en el que perecieron no pocos españoles y a consecuencia del cual murieron bastantes indígenas defendiendo sus territorios. Fernández de Lugo, militar de larga experiencia, sabe donde se mete. Al aceptar el nombramiento de gobernador de Santa Marta sus pretensiones fueron elevadas: Lugo logró la gobernación por dos vidas, con los poderes usuales, el permiso de pasar 100 esclavos negros (un tercio de los cuales debían ser mujeres), la esclavización de los indígenas en los casos de oposición armada a la predicación cristiana y a la extracción de oro de las minas, así como la “vista gorda” de las autoridades a esclavizar mujeres y niños menores de 14 años.

   Como es lógico, los indios se oponen con todas sus fuerzas a ser desposeídos de sus tierras, masacrados y esclavizados. En la primera refiega con los nativos, Fernández de Lugo se da cuenta de que las tácticas europeas de combate contra los indios son ineficaces. Mueren 30 hombres y se pierde gran cantidad de material. Pasan las semanas y no se consigue ningún avance en aquel territorio hostil. A finales de marzo de 1536, en tan solo tres meses, ya han muerto 250 hombres victimas de las flechas, el hambre y la disentería. Santa Marta es una apestosa ciénaga sin recursos propios, sobrepoblada, arruinada y cercada por indios sedientos de venganza.

   Ante este desolado panorama, Fernández de Lugo toma la desesperada decisión de mandar una expedición en busca de nuevos territorios, fuentes de alimento y riquezas para salvar a la colonia. Es una acción desesperada y lo sabe. Pone al frente de la expedición a uno de sus hombres de confianza, el licenciado don Gonzalo Jiménez de Quesada, con el objetivo de remontar el río Magdalena hasta llegar al Perú. Se reunieron cerca de 800 hombres, 600 de ellos a pie, agrupados en ocho compañías y cinco bergantines. Se utilizaron todos los recursos de la diezmada colonia para pertrechar a la expedición: buenos abastecimientos, algunos caballos y armas, un nutrido grupo de aliados indígenas conocedores de los peligros de la zona y, en general, unas mejores condiciones en hombres y pertrechos que las famosas huestes de Cortés o Pizarro. De esta forma, según los cronistas, partieron de Santa Marta el 6 de abril de 1536 hacia un largo viaje lleno de dificultades que tendría un alto costo para todos.

   Pronto se ven hostigados por grupos indígenas como los chimilas y otros pueblos llamados por ellos caribes. Pero también logran que se unan a la expedición algunos nativos, que pronto muestran su utilidad sirviendo de intérpretes, guías, cargueros y luchando junto a los españoles contra sus enemigos. En la región de Chiriguaná empezaron las calamidades. El clima, las enfermedades, las fieras y la guerra cobraron numerosas vidas indígenas y europeas. Tras muchas dificultades y varios meses de penurias llegaron a Sompallón, cerca del actual Tamalameque, donde tuvieron un primer descanso. Hasta ese momento los muertos ya ascendían a unos 100 hombres, lo cual significaba una alarmante tasa de mortalidad y una notable disminución para la tropa. Las lluvias torrenciales y el calor sofocante no dan tregua. Las tremendas dificultades, los mosquitos, las culebras, el hambre, las fieras salvajes y los constantes enfrentamientos armados con los indígenas del lugar no dan descanso a una cada vez más mermada expedición. Con el paso de los meses y la adversidad, sus elegantes ropas europeas hechas trizas, son sustituidas por miserables mantas indígenas que apenas dan para cubrir sus vergüenzas. La expedición española poco a poco sucumbe frente a los peligros e incomodidades de la selva tropical a la vez que enloquecen al contemplar el canibalismo y los sacrificios humanos practicados por las tribus del lugar.

   Al cabo de ocho meses de miserable existencia, los hombres de Quesada están hambrientos y totalmente desmoralizados. Agotadas todas sus provisiones, se ven obligados a comer todo tipo de alimañas, serpientes, lagartos, ranas, e incluso terminan devorando el cuero arrancado de sus cinturones y arneses, y las vainas de las espadas. Han decidido desandar el camino y volver a Santa Marta con el rabo entre las piernas, cuando a sus oídos llegan fabulosas leyendas de míticos lugares repletos de incontables riquezas y de caciques bañados en oro. El Dorado. Quesada se reúne con sus diezmados hombres y llegan al acuerdo de que es mejor seguir adelante con la expedición y dar con el lugar que cuenta la leyenda, a cualquier precio, que volver derrotados a aquel lugar apestoso llamado Santa Marta. A 70 leguas de las bocas del río Magdalena, los españoles descubren algo muy interesante. Los pueblos indígenas de la zona consumen una sal que no proviene del mar sino de una elevada cordillera que se divisa al este, visten ropas de más calidad y su desarrollo cultural y social es más elevado. Quesada decide dirigirse hacia la cordillera pero después de ocho meses de marcha ininterrumpida, está obligado a dar descanso a sus hombres. En la Tora descansan tres meses pero son meses duros que diezman a la tropa.

   A comienzos de 1537, coincidiendo con el final de la temporada de lluvias, la expedición española se pone de nuevo en marcha, remontando la cordillera por el río Opón hasta llegar al altiplano cundiboyacense. El primer pueblo que tocan los conquistadores el 9 de marzo de 1537, en su periplo hacia la Sabana de Bogotá, fue La Grita, en las proximidades de Vélez, donde además, comenzaba el territorio de lengua chibcha, la lengua de los Muiscas. Más tarde entran en otros poblados donde encuentran una rica orfebrería en oro y esmeraldas de la que se apropian sin mayor resistencia por parte de los indígenas. La cosa empieza a marchar.

   El 22 de marzo penetran por fin en el valle de Los Alcázares, como llama Jiménez a la sabana dominada por el cacique Bogotá, también llamado Zipa. En estos territorios, plagados de pequeñas aldeas Muiscas, las huestes de Jiménez de Quesada encuentran una cierta oposición, solucionada en mayor o menor medida con algunas afortunadas escaramuzas sin apenas derramamiento de sangre, sirviéndose para sus propósitos más de la razón que de la espada. Recorren las aldeas de Suba, Tuna, Tibabuyes, Usaquén, Teusaquillo, Cota, Engativá, Funza, Fontibón, Techo, Bosa y Soacha, entre otras, encontrando a su paso numerosas piezas de oro y esmeraldas, reuniendo entre todas un importante tesoro. Se cree que en una de estas aldeas un anciano revela a Jiménez de Quesada que la leyenda del indio dorado era una ceremonia real oficiada desde tiempos remotos, una ofrenda de oro y piedra preciosas a Chie, su diosa del agua, aunque la tradición ya se había perdido, y desvela el emplazamiento exacto de la laguna sagrada de Guatavita y sus extraordinarios tesoros ocultos bajo sus aguas.

   Al llegar Jiménez de Quesada a la laguna Guatavita, descubre que no tiene medios suficientes para desenterrar sus tesoros pero no importa. Ya se encargarán de ella más adelante. Hasta el momento los resultados económicos de la expedición son más que buenos: en las aldeas del valle de los Alcázares han recogido 182.536 pesos de oro fino, 29.806 pesos de oro bajo y 1455 esmeraldas. El 6 de junio de 1538 procede a repartir el botín obtenido entre los 178 afortunados supervivientes de la expedición. Después de pagar el salario al cirujano, el costo de medicinas, plomo, hilo para ballestas, arcabuces, hachas, azadones, clavos y demás pertrechos, las obligatorias donaciones a la Iglesia, el pago de misas por las almas de los difuntos, así como el obligatorio e ineludible pago del quinto real a la corona española, se dividió un total de 148.000 pesos de oro fino, 16.964 pesos de oro bajo y 836 esmeraldas entre los expedicionarios, una auténtica fortuna. El 6 de agosto de 1538 Jiménez de Quesada declara la conquista del territorio en favor de los reyes de España.

   Pero la historia de la laguna Guatavita no termina aquí. Claro que no. Los españoles no iban a olvidarse así como así. En 1545 Hernán Jiménez de Quesada, hermano de Gonzalo, intenta desenterrar los tesoros del lago Guatavita, poniendo en práctica la feliz idea de vaciar la laguna. Sin apenas medios, se propone vaciar el lago “a la española”, o lo que es lo mismo, esclaviza a unos mil indígenas, hace una cadena humana con ellos, los arma con cubos y, hala, a vaciar el lago a cubetazos. Después de varios meses cubo va y cubo viene, asombrosamente logra que baje el nivel de la laguna unos 2,70 metros, dejando al descubierto, varios cientos de objetos de oro y piedras preciosas, que son recogidos sin demasiados escrúpulos por el hermanísimo del fundador de la capital colombiana. De acuerdo con informes de la época, se encontraron entre 3.000 y 4.000 pesos de oro.

Lago Guatavita. Al fondo se observa el corte efectuado por Sepúlveda
   Pero eso no es todo. Cuarenta años después, a finales del siglo XVI, Antonio de Sepúlveda, un rico comerciante de Santa Fe de Bogotá, hizo uno de los intentos más serios y a la vez más disparatados. En la década de 1580 construyó casas alrededor de la orilla, hizo diferentes sondeos del lecho del lago desde una embarcación y llegó a la delirante conclusión de que la mejor forma de drenar el lago era la de cortar una inmensa porción de sus paredes, como si fuera una tarta, y dejar que el agua corriera ladera abajo. Otra obra más “a la española”. Con ocho mil oprimidos indios armados de rudimentarios picos y palas, se embarcó en la faraónica obra de cortar una gran muesca en el borde del lago. Aunque parezca mentira, en pocos meses logró bajar el nivel del agua 20 metros… antes de que toda la obra se viniera abajo en un trágico derrumbe, matando a la mitad de los desdichados trabajadores y provocando el abandono de dicha obra. En el Archivo de Indias, se encuentra un informe de 1586 que señala los hallazgos de Sepúlveda:“corazas o discos pectorales, serpientes, águilas, incluidos un personal cubierta por placas de oro y adornado con pequeños tubos de oro, y una esmeralda del tamaño de un huevo de gallina, haciendo un total de cinco o seis mil ducados para el real tesoro, en concepto de quinto real”. En total, se calcula que en esta acción se extrajo de la Laguna Guatavita piezas por un valor de más de doce mil pesos. Una auténtica fortuna. Hoy en día se puede observar la gran cuña que Antonio de Sepúlveda y sus esforzados indios realizaron en el lago. A consecuencia de ella, nunca se pudo recuperar el volumen original de agua embalsada.

   En el año 1625, los señores Alonso Sánchez de Molina, Pedro Rodríguez, Jussepe García, Jacinto Gallegos, Antonio Gómez, Laureano de Vargas, Miguel López Andujar, Cristóbal de Ballesteros, Asencio de Caldas, Juan Infante, Manuel Villegas y Juan Sánchez Izquierdo, mineros residentes en el Real de Minas de Santa Ana, en las cercanías de Mariquita, solicitaron a la Real Audiencia permiso para el desagüe de la laguna de Guatavita, con el fin de extraer de allí el oro, plata y piedras preciosas que se creía debía contener, en los mismos términos que la capitulación concedida años atrás a Antonio de Sepúlveda, ya fallecido. El gobernador del Nuevo Reino procedió a aprobar la concesión con efectos desde el día 15 de julio de 1625, indicando las condiciones para la explotación, concediendo un plazo de seis meses para adelantar el desagüe y un término de ocho años para informar sobre la utilidad y resultados de la misma, señalando se liquidaran apropiadamente los quintos reales o porcentaje de tributo al rey por todo aquello que se lograra extraer. Mandó igualmente que se concediesen los indios necesarios para este trabajo, a quienes se les habría de pagar por ello. Nada de esclavizarlos. No hay muchas fuentes que hablen del éxito o el fracaso de la empresa.

Fotografía del año 1911 que muestra el lago completamente drenado
   A lo largo de los siglos, otras expediciones han intentado con escasos resultados, destripar los secretos escondidos en las entrañas de Guatavita. En el siglo XIX una empresa de capital germano trató de dragar el lago. Como consecuencia del aquel parcial vaciado, se obtuvieron algunas escasas piezas de cierto valor, pero de nuevo las dificultades hicieron abandonar la búsqueda. En 1911 la sociedad franco-sajona "Contractors Limited" consiguió desecar finalmente el lago. Para lograrlo, construyeron un túnel subterráneo que partía del centro de la laguna, con compuertas para regular el flujo de agua y un filtro de mercurio para recoger los objetos de oro y piedras preciosas. Muy ingenioso. Tan ingenioso que en apariencia funcionó a la perfección. Finalmente, después de casi cuatrocientos años, consiguieron drenar toda el agua del lago. Digo el agua, porque nadie contó con las varias decenas de metros de barro y limo que completaban el lecho del lago, de modo que nadie podía pisar el fondo sin ser engullido por aquella mezcla. Al día siguiente, el sol coció el barro y el limo, dando a aquel fango la consistencia del cemento con tanta fuerza que no pudo ser penetrado. El barro cocido bloqueó las compuertas, el túnel se selló y la laguna se llenó de nuevo gracias al aporte de las aguas subterráneas de las que se nutre. Solo encontraron objetos por valor de unas 500 libras, insuficientes para hacer frente a todo el costo de la operación. Como es lógico, la empresa quebró y abandonaron la explotación.

   En años posteriores se hicieron varios intentos más de drenaje del lago, usando taladros y material explosivo para romper la capa de limo, con escasos resultados, hasta que en 1965 el Gobierno de Colombia acuerda dar a la laguna Guatavita y su entorno el estatus el patrimonio histórico y cultural de la nación. El Lago Guatavita aunque dio muestras de contener unas 500.000 piezas de oro y piedras preciosas, según cálculos realizados en 1807 por el naturalista Alexander von Humboldt, jamás desveló su secreto y su aureo enigma sigue siendo un impenetrable secreto protegido por dioses ancestrales frente a la codicia humana.

   
Fuentes:

"Extracto del epítome de la conquista de Nueva Granada" escrito por el mismo conquistador Gonzalo Jiménez de Quesada. Archivo Histórico Nacional. Papeles de Indias. Copia S.XIX. 8 hjs. fol  http://pares.mcu.es/ Portal de Archivos Españoles.

Archivo Histórico Nacional, Portal de Archivos Españoles, ES.41091.AGI/10.46.8.1//CONTRATACION,5792,L.1,F.169-170 Asiento con Antonio de Sepúlveda para sacar oro, plata y piedras preciosas de la Laguna de Guatavita (Nuevo Reino de Granada). http://pares.mcu.es/

"El Carnero", de Juan Rodríguez Frayle, año 1636.

DESAGÜE DE LA LAGUNA DE GUATAVITA Para extraer sus tesoros, por Jorge Palacios Preciado Tomado, Febrero de 2003.

jueves, 22 de mayo de 2014

ROBERT CAPA, EL FOTÓGRAFO DEL DESEMBARCO

   "La guerra es como una actriz que va envejeciendo. Es cada vez menos fotogénica y cada vez más peligrosa". Esta frase de Robert Capa, el corresponsal de guerra que mejor fotografió el horror y el sufrimiento de la II Guerra Mundial, nos sirve como punto de partida para recordar el septuagésimo aniversario del desembarco que cambió Europa y el rumbo del conflicto más sangriento en la historia de la humanidad. El 6 de junio de 2014 se cumplen setenta años de esa fecha. Para conmemorar ese momento, os invito a seguir a Robert Capa, tal vez el más conocido fotógrafo de guerra de todos los tiempos, un consumado jugador de póquer que odiaba su oficio, en sus peripecias hasta su llegada como un soldado más a la playa de Omaha.

  
Gerda Taro tras un miliciano. Guerra Civil Española
Su nombre real era Endre Ernö Friedmann, un apátrida de padres judíos nacido el 22 de octubre de 1913 en Budapest, Hungría. Robert Capa era el seudónimo que usaban tanto él como su novia, la alemana Gerda Taro, cuando comenzaron a cubrir la Guerra Civil española como fotógrafos independientes. Sus trabajos eran a menudo rechazados por las agencias de noticias por lo que se les ocurrió la genial idea de inventar a un intrépido fotógrafo norteamericano, Robert Capa, para que sus trabajos fueran aceptados. Este hecho hace dudar a los expertos de la autoría de una de las fotos más famosas de Capa, “Muerte de un Miliciano”, tomada en las inmediaciones de Cerro Muriano, en el frente de Córdoba, el 5 de septiembre de 1936. Hay historiadores que sostienen que la famosa foto fue tomada en realidad por Gerda Taro. Fuera tomada por uno u otro, eso es lo de menos. En plena contienda española, Friedmann pidió matrimonio a Taro y esta lo rechazó, motivo que provocó cierto distanciamiento en la pareja. Para entonces Friedmann ya firmaba todos sus trabajos como Robert Capa mientras que Gerda Taro intentaba abrirse camino usando su propio nombre. La historia de amor terminó en la batalla de Brunete, un 25 de julio de 1937, cuando Gerda Taro fue destripada por las cadenas de un tanque republicano en retirada, muriendo al día siguiente en el hospital inglés de El Goloso, en el Escorial. Le faltaban seis días para cumplir los 27 años.  Endre Friedmann, ya para entonces Robert Capa, nunca superó su muerte.

Después de cubrir con gran éxito la guerra civil española y la segunda guerra sino-japonesa, al comienzo de la Segunda Guerra Mundial encontramos a un Robert Capa apátrida, vagando sin rumbo por las calles de Nueva York y viviendo su triste existencia de exiliado huido de la represión nazi, en un miserable ático del Village, sin un centavo en los bolsillos y sin motivo alguno por el que levantarse cada mañana. Añora París, su ciudad de adopción y se siente un extraño en Estados Unidos. Un día, después de un largo paseo sin rumbo fijo, al abrir su herrumbroso buzón encuentra tres cartas: una factura de la luz, otra del Departamento de Justicia en el que, como ex ciudadano húngaro con pasaporte de refugiado, pasa a ser considerado un enemigo extranjero y debe entregar sus cámaras, y una tercera en la que el Collier’s Weekly le ofrece una plaza en un barco hacia Inglaterra y un cheque de 1.500 dólares para cubrir el conflicto. Con las tres cartas abiertas sobre el feo mantel de hule que cubre la mesa de la cocina, decide su destino lanzando una moneda al aire: si sale cruz irá al Departamento de Justicia, si sale cara, aceptará la oferta para ir a Inglaterra. Sale cruz pero como consumado buen jugador hace trampas. Toma la decisión de cobrar el cheque del Collier’s Weekly y apañárselas de algún modo para llegar a Inglaterra.

Robert Capa, cubierta del USS Chase
Meses más tarde, en la primavera de 1944, encontramos a Robert Capa en un enorme campo de entrenamiento rodeado de alambre de espino, situado en la costa sureste de Inglaterra. En sus instalaciones, miles de jóvenes norteamericanos ultiman su instrucción para la gran invasión. Está tumbado en el catre de un barracón, envuelto en una nube de tabaco, observando con recelo el pequeño fajo de francos impresos en papel de mala calidad que le han dado a cambio de un puñado de dólares y libras que llevaba en los bolsillos. Tienen pinta de ser más falsos que un dólar de madera. De hecho lo son. A la hora de imprimir francos, el Estado Mayor podría haber puesto más empeño. Junto al paquete de Chesterfield descansa un librito en el que se explica cómo tratar y dirigirse a los oprimidos franceses por el yugo nazi, en el que se incluyen algunas frases útiles en francés, como "Bonjour, monsieur, nous sommes les amis américains". Esta es para los hombres. "Bonjour, mademoiselle, voulez vous faire une promenade avec moi?" Esta, para las mujeres. La primera significa "No me dispare, señor", y la segunda puede significar cualquier cosa. En el librito, una guía útil para el perfecto invasor, se encuentran otras sugerencias referidas a los boches, a quienes esperan encontrar por millares en esas playas. Estas sugerencias incluyen apropiadas frases en alemán que sirven para prometer cigarrillos, baños de agua caliente y todo tipo de comodidades, todo a cambio de hacer algo muy sencillo: rendirse incondicionalmente. Robert Capa espera con paciencia como un soldado más, ser llamado para participar en el gran Día D.

El 5 de junio de 1944 Capa monta en la caja trasera de un camión Chevrolet G506 para transporte de tropas y es llevado al puerto de Weymouth, donde se encuentra atracado el USS Samuel Chase, un flamante barco de transporte de tropas de asalto tripulado por la Guardia Costera de los Estados Unidos, esperando su valiosa carga de lanchas Higgins, suministros de combate y carne de cañón. Cientos de acorazados, navíos cargados de tropas, cargueros y barcazas de asalto se agolpan de forma amenazante en la dársena. En prevención de un posible ataque aéreo por parte de la maltrecha y casi inexistente Luftwaffe, miles de globos aerostáticos flotan en el aire sobre esta magnífica máquina de guerra. Soldados tumbados al sol en las cubiertas de los buques, observan con fingida indiferencia las maniobras de carga y abastecimiento de la flota.

Buscando a nuestro protagonista, subimos a bordo del USS Chase. En la cubierta superior, ajenos al caos que los rodea, vemos a un numeroso grupo de jugadores apostando cientos de dólares como si no hubiera un mañana, apiñados en torno a un par de manoseados dados. Es una absoluta certeza que para la mayoría de ellos no habrá un mañana. También observamos a hombres solitarios retirados en rincones apartados, escribiendo pomposas cartas de despedida a sus novias jurando amor eterno, o redactando emotivos testamentos en los que se despiden de sus familiares más queridos, dan cariñosos consejos para el futuro a sus hermanos pequeños o simplemente dejan su pasta a la familia. En el gimnasio, contemplamos un modelo a escala de la playa de Omaha, con todos sus árboles y casas fielmente reproducidos. Tenemos que pasar con cuidado porque hay algunos hombres tumbados boca abajo, observando con inquietud la maqueta de la costa francesa, eligiendo con meticulosidad el camino que van a seguir entre las aldeas de plástico, buscando protección tras los árboles de plástico y las trincheras de plástico. En la sala de mapas, en las cubiertas inferiores de las entrañas del USS Chase, también hay otra maqueta con un modelo a escala de todos y cada uno de los barcos que van a participar en la operación Overlord. Oficiales de la marina enfundados en sus solemnes uniformes, empujan con pericia los barquitos de plástico en dirección a las playas de plástico. Un bonito juego de mesa.

Cerca del gimnasio, cámara en mano fotografiando la curiosa escena de la maqueta, encontramos a Robert Capa. Mientras trabaja está pensando a qué Compañía seguir en la mañana del desembarco. Al ser corresponsal de guerra y no un simple soldado, tiene la libertad de elegir donde y cuando estar en cada momento de la acción, siempre dentro de unos límites. Ese día le han ofrecido tres opciones: Cubrir a la Compañía B en una misión en principio bastante segura, seguir a la Compañía E en la primera oleada de desembarco en el sector Easy Red de la playa Omaha, con lo cual se asegurará las primeras fotos en suelo francés, o acompañar al mando del 16º Regimiento de la 1ª División de Infantería que seguirá de cerca las primeras oleadas de infantería, pero alejado de la acción. La última opción es la más sensata y una apuesta segura de seguir vivo al anochecer. Como buen jugador se decide por la apuesta más arriesgada: acompañar a la Compañía E en la primera oleada.

Una vez elegido su destino en la mañana del Día D y después de fotografiar a los concienzudos soldados estudiando con obstinación cada detalle de la fiel maqueta de plástico de la costa norte francesa, Capa sube a la cubierta del Chase para echar un último vistazo a la cada vez más lejana costa inglesa. La visión de la costa perdiéndose en el horizonte le toca la fibra sensible, de modo que se une a la legión de los afligidos escritores de cartas. En mitad de una lacrimosa carta de despedida, se arrepiente de la idea, se la guarda en el bolsillo interior de la guerrera y decide no enviarla. Entonces se une al tercer grupo, el de los jugadores. Su grupo natural. A las dos de la mañana en mitad de una animada partida de póquer, la megafonía anuncia el inminente desembarco.

Pertrechado con una máscara antigás, un salvavidas hinchable, una pala, diversos artilugios, dos cámaras réflex Contax II de 35 mm. de lente única cargadas con película en blanco y negro de 36 fotografías, una Rolleiflex cargada con película de 5.7 centímetros cuadrados, varios rollos de película de repuesto y su cara gabardina Burberrys doblada con un toque de elegancia en el brazo, se dirige con los muchachos al atestado comedor del Chase donde los chicos de cocina de la marina, vestidos con guantes y una inmaculada chaqueta blanca, están sirviendo con un celo y una atención inusuales tortitas, salchichas, huevos y café. Es el desayuno del condenado. Todos los saben. 

A las cuatro de la mañana dos mil hombres forman en perfecto silencio en la cubierta superior a la espera del primer rayo de sol. Las lanchas Higgins de desembarco se balancean sumisas en los pescantes, esperando recibir su correspondiente ración de carne de cañón para ser arriadas a una mar picada. Aguardan con paciencia su desayuno. Su ración de soldado temeroso camino de un destino incierto.

El silencio es abrumador. Cada hombre, pertrechado con todo su equipo de combate, está abstraído en sus pensamientos. Unos rezan en silencio, otros piensan en su familia y en el maldito día en el que se enrolaron voluntariamente en esta locura. Muchos se concentran en silencio en los meses de entrenamiento en suelo inglés para intentar poner en práctica lo aprendido y salvar el pellejo. Capa piensa en todos los buenos momentos de su vida y también en conseguir las mejores fotos que pueda. Nadie parece impaciente por enfrentarse al enemigo y podríamos jurar que a nadie le importaría permanecer así todo el día hasta el anochecer. Pero el sol es obstinado y con puntualidad suiza comienza a despuntar por el horizonte.

Los soldados de la primera oleada comienzan a subir a las lanchas de desembarco que son arriadas con lentitud a una mar encrespada. Antes de que toquen la superficie del agua todos están empapados. Los hombres, debido a los nervios y al estado de la mar, comienzan a vomitar al instante. Es el destino de las tropas anfibias: ser infelices en el agua para después ser infelices en tierra.

Al segundo de poner los motores en marcha, cuando están situados a pocos metros de la superestructura del USS Chase y a varias millas de la costa de Normandía, escuchan el zumbido inconfundible del primer pepinazo. Instintivamente los hombres se agachan y entierran la cara en la mezcla de agua salada y vómito que cubre en piso de la lancha. Permanecen agachados hasta que la barcaza llega a su sórdido destino. Al tocar el fondo plano suelo francés, el piloto negro hace descender la compuerta frontal de acero. El espectáculo que ofrece la encantadora Francia es infernal. El humo y las explosiones lo invaden todo. El asfixiante olor a pólvora quemada despierta al instante todos los sentidos de supervivencia de los muchachos. Grotescos obstáculos de acero pueblan los metros finales de playa. Fuego nutrido de ametralladora barre todo el perímetro de Easy Red. Certeros francotiradores juegan al tiro al pato con los soldados de las primeras lanchas. A la derecha, un par de tanques Sherman DD anfibios yacen lánguidos envueltos en llamas.

En contra de todo sentido común y pese a la barbarie que les espera con los brazos abiertos, los soldados salen de la barcaza como alma que lleva el diablo y se sumergen hasta la barbilla en las gélidas aguas del Canal. Frente a esta infernal escena de muerte y fuego, vemos Robert Capa parado de pie en la pasarela de desembarco, cámara en mano, con la firme intención de tomar la primera foto seria de la invasión. El piloto de la lancha Higgins, con una evidente prisa por salir pitando de aquél infierno, cree que Capa está sufriendo un comprensible ataque de inseguridad y le ayuda a decidirse a tocar suelo francés con una buena patada en el trasero.

El caos es colosal. Los muchachos pronto pierden contacto con los soldados de su Compañía, más preocupados de salvar el pellejo que de mantener un orden marcial. Nosotros también hemos perdido de vista a Capa. Para dar con él no nos queda más remedio que sumergirnos en las frías aguas y buscar cobijo en una de las estructuras antidesembarco de acero y hormigón que pueblan la orilla de la playa. Agachados, con el agua al cuello, intentamos adivinar siluetas entre el humo. Las balas del calibre 7,92 mm de las ametralladoras MG42 se sumergen en el agua a nuestro alrededor, salpicándonos la cara y dejando finas estelas blancas a su paso. El fuego de mortero hace su trabajo en la orilla levantando géiseres de arena y cuerpos despedazados. El infierno no puede ser peor.

Un soldado tembloroso se acerca buscando cobijo en nuestro obstáculo. Pasa junto a nosotros y nos atraviesa limpiamente. Es lógico porque nosotros en realidad no estamos aquí. Solo somos meros observadores. Al menos eso espero. El chico que apenas tendrá 19 años, agacha la cabeza, saca de la funda impermeable su fusil M1 Garand y comienza a disparar hacia la playa sin apuntar demasiado. Después de unos minutos de disparar al azar, el ruido del fusil le da el suficiente valor para avanzar hacia el siguiente obstáculo y nos deja solos. El campo libre que deja al abandonar nuestra posición nos permite divisar refugiado en otro obstáculo, a pocos metros de nosotros a Robert Capa, cámara en mano, inmortalizando a los muchachos que intentan esquivar las balas con mayor o menor fortuna, en su avance hasta la cabeza de playa.

Observamos como Capa agota el carrete de su primera Contax, la guarda en su funda de hule impermeable, se deshace de su elegante chubasquero Burberry y avanza unos cincuenta metros más, abriéndose paso entre cadáveres flotantes y nutrido fuego de fusilería, buscando refugio en el esqueleto destrozado de un vehículo anfibio aliado. Saca la segunda Contax de su funda y sigue disparando fotos. Se juega el cuello como un soldado más solo que él no está armado. Él no está allí para matar alemanes y liberar a Europa del yugo nazi. Su misión es sacar las mejores fotos del momento para la posteridad, siguiendo con fidelidad su viejo lema de la Guerra Civil Española: “si la foto no es lo bastante buena es que no estás lo bastante cerca”.

Los últimos veinticinco metros de playa son una lluvia de metal ardiente escupido con saña por las MG 08 y los cañones del 88 alemanes. La marea está subiendo y los muchachos tienen que dejar sitio en los obstáculos para las siguientes oleadas. No les queda más remedio que dirigirse hacia el matadero. Los últimos metros hasta la arena, son una alocada carrera de Capa esquivando a la muerte.

Agotado por el mar y el miedo, se tumba exhausto en una estrecha franja de arena húmeda entre el agua y el alambre de espino, protegida hasta cierto punto por una ligera pendiente del fuego de fusil y ametralladora. Junto a él se encuentran por casualidad un médico judío y Larry, el capellán irlandés del Regimiento, un tipo simpático que a falta de fusil o cámara de fotos, dispara con milimétrica certeza insultos que sonrojarían al criminal más duro de cualquier antro de cuarta categoría.

Capa saca la petaca del bolsillo y se la ofrece a Larry, que sin levantar la cabeza un palmo del suelo, bebe con gran pericia un largo trago por la comisura del labio. El sanitario judío imita a la perfección la técnica del capellán y se sirve su correspondiente ración de agua de fuego. El capellán enciende el último pitillo que le queda seco y lo va pasando a sus improvisados compañeros de trinchera. En esas están cuando un obús de mortero impacta en las cercanías de su posición, acribillando de metralla a un infortunado soldado. El cura irlandés y el médico judío son los primeros en salir por patas de Easy Red. Capa hace la foto. Siguen cayendo obuses cada vez más cerca pero Capa sigue disparando su Contax como si no ocurriera nada a su alrededor. Treinta segundos después, se termina la película de la cámara. Rebusca en el macuto en busca de otro rollo pero al encontrarlo, sus manos mojadas y temblorosas lo echan a perder antes de que pueda colocarlo en la cámara.

Se detiene un momento y es entonces cuando empieza a ser consciente de la situación desesperada en la que se encuentra. La cámara vacía le tiembla en las manos. Es un nuevo tipo de miedo que nunca antes ha sentido. Ni en España, ni en China, ni en Sicilia, ni en las ardientes arenas del norte de África. Es un miedo que le estremece el cuerpo y lo sacude de pies a cabeza. Desengancha la pala de su macuto e intenta cavar con desesperación un hoyo en el que esconderse pero la pala pronto toca la dura roca del fondo y no puede continuar. Vuelve a acurrucarse inmóvil en su posición y observa a su alrededor. Todos los hombres que lo rodean están inmóviles, paralizados por el miedo. Solo los muertos de la orilla se mueven empujados por las olas.

De entre la bruma, una lancha LCI surge desafiando el fuego enemigo. De ella asoman un puñado de enfermeros con brazaletes y cruces rojas pintadas en los casos. Sin pensarlo dos veces, Capa se incorpora como un resorte y corre esquivando balas alemanas y cadáveres aliados en dirección a la barcaza. Con el agua al cuello y las cámaras en alto para evitar que se mojen, de repente es consciente de que está huyendo. A pocos metros de la pasarela de desembarco, para en seco e intenta volver a la playa pero su cuerpo no le responde. Intenta engañarse a sí mismo repitiendo que solo intenta llegar al barco para secarse las manos pero la realidad es que el miedo lo atenaza.

Al alcanzar el barco, un obús impacta en la superestructura y mata al instante parte de la tripulación, llenando todo de restos humanos y plumas procedentes del relleno de los chalecos salvavidas. Igual que si estuvieran matando pollos. El barco empieza a escorar y el capitán toma la decisión de abandonar la playa para intentar llegar al buque nodriza antes de irse a pique. Capa baja a la sala de máquinas, se seca las manos, coloca nuevos rollos de película en las cámaras y sube de nuevo a la cubierta a tiempo de sacar una última foto de la playa cubierta de humo. Después se dedica a fotografiar a la tripulación mientras realizan transfusiones de sangre en la cubierta. Antes de que el barco termine en el fondo del canal, una lancha Higgins que vuelve de suministrar a la playa su correspondiente ración de carne de cañón, evacua a todo el personal con gran dificultad debido a la mar picada. Pasadas las doce del mediodía, Capa llega junto con los supervivientes al USS Chase, el mismo buque del que había salido seis horas antes. Ahora la cubierta está repleta de muertos y heridos que han sido rescatados de las insaciables fauces de la playa Omaha. Los chicos de cocina que horas antes habían servido el desayuno, tienen sus impolutos uniformes blancos teñidos de rojo con la sangre de los heridos.

Capa sigue trabajando, fotografiando las consecuencias de la batalla. Se mueve con sus cámaras entre los muertos y heridos, plasmando el momento y ayudando en lo que puede. En un momento dado se marea y pierde el conocimiento. Se despierta horas más tarde en una camilla con una etiqueta al cuello que pone “Caso de agotamiento. Sin placas de identificación”. Mientras el barco pone rumbo a Inglaterra, con el ruido de los motores de fondo, Robert Capa pasa toda la noche en vilo mirando al techo, culpándose de cobardía. Piensa que debía haberse quedado en la playa.

Revista Life, reportaje del 19-6-1944
   Capa permaneció un total de noventa minutos en suelo francés y disparó 106 fotografías hasta abandonar la playa Omaha. Durante 48 horas fue dado por desaparecido en combate debido al testimonio de un sargento que afirmó haber visto su cadáver flotando en la orilla. A su llegada al puerto de Weymouth a bordo del USS Chase, fue tratado como un héroe. Le ofrecieron un avión con destino a Londres para contar su experiencia en la BBC pero declinó la oferta. Envió los rollos de película a la sede de la revista Life, se aseó, se cambió de ropa y subió a bordo del primer transporte disponible camino a las playas de Normandía. El 8 de junio de 1944 estaba de nuevo en suelo francés para fotografiar las secuelas de la invasión.

   Las fotos tomadas por Robert Capa en el Sector Easy Red de la playa Omaha son consideradas como las mejores fotos del Día D y uno de los mejores reportajes fotográficos de guerra de todos los tiempos. Sin embargo, de las 106 fotos tomadas solo sobrevivieron 11 debido a un emocionado e inexperto ayudante de laboratorio que aplicó demasiado calor al secar los negativos. La valiosa película se desintegró ante la atónita mirada de toda la oficina de Londres. Cuando la revista Life publicó el reportaje de siete páginas en su edición del 19 de junio de 1944, en los pies de foto de las imágenes salvadas del desastre estropeadas por el calor, se excusaron diciendo que las fotos estaban “ligeramente desenfocadas” debido a que “las manos de Capa habían temblado violentamente”. 


Fuentes:

El relato del desembarco está basado en el libro de memorias escrito por el propio Robert Capa “Ligeramente desenfocado”, Madrid, La Fábrica Editorial, 2009.

Fotos de Robert Capa © International Center of Photo.
Podéis admirar muchas más fotos del legendario Robert Capa en el sitio https://www.magnumphotos.com/C.aspx?VP3=SearchResult&ALID=29YL535ZXX00
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