martes, 23 de abril de 2013

IGOR KOSTIN, EL HOMBRE LEGENDARIO.


   A las cuatro y media de la madrugada, el timbre de un viejo teléfono suena por todo el pequeño apartamento, sumido en la oscuridad de la noche. La tenue luz de la mesilla se enciende al tiempo que asoma de entre las sábanas un rostro somnoliento con el pelo enmarañado y un enorme bigote poblado. A punto de tirar el vaso de agua situado junto al teléfono, el ruidoso timbre calla cuando una mano descuelga su auricular.

   El hombre del bigote contesta con un cansino y a enojado “Daaa…” a la llamada. Aunque está habituado a que lo despierten en mitad de la noche, es algo que detesta. Se relaja un poco cuando reconoce la voz al otro lado del auricular. Es la voz de un viejo amigo. Un oficial del ejército, piloto de helicópteros, con el que entabló una buena amistad en Afganistán, cuando estuvo destinado como corresponsal de guerra de la Agencia Novosti. Juntos habían volado en innumerables ocasiones fotografiando los desolados campos de batalla de aquellas áridas tierras.

-         Igor, soy yo. Siento despertarte en mitad de la noche pero ha ocurrido algo grave en la central Vladimir Ilich Lenin. Un incendio. En unas horas partiremos del aeródromo para evaluar los daños desde el aire. ¿Te apuntas?
-         Si, claro. Dame un par de horas para que me asee y prepare el material.
-         Ven lo más pronto que puedas, estamos esperando la orden de partir.

   Sin saberlo, esta llamada telefónica va a cambiar la vida de ambos para siempre. Al piloto y a toda su tripulación apenas le quedan unos días de vida. A Igor Kostin, el fotógrafo por vocación de la Agencia Novosti, toda una vida dedicada a una causa.

   Cargado con tres cámaras automáticas, pilas de repuesto y suficiente rollo de película, el hombre legendario deja atrás a su esposa y a su pequeño apartamento en Kiev, en dirección al aeródromo para embarcarse en un MI-8. -Como en los viejos tiempos en Vietnam o Afganistán, piensa, mientras accede a las instalaciones y ve al fondo a los técnicos pertrechando al helicóptero.

Tripulación del MI-8
  Su viejo amigo está esperándolo a pie de pista. Tras un apretón de manos y un rápido abrazo, el piloto pone al corriente a Igor de la misión. Será un vuelo de 45 minutos desde Kiev hasta la central; sobrevolarán las instalaciones para ver los daños producidos por el fuego y retornarán a la base para informar. Rápido y sencillo. Kostin podrá sacar todas las fotos que quiera del accidente pero su agencia no podrá publicarlas hasta que no tenga el visto bueno de las autoridades políticas. Oficialmente él no está allí. Igor asiente mientras coge los protectores de oídos que le entrega el piloto. Los MI-8 son unos aparatos muy ruidosos.

Primera foto de la catástrofe
   Debido a la incomodidad y al terrible ruido del aparato, durante el vuelo Igor apenas habla con la tripulación. Permanece sentado en silencio mirando pensativo el paisaje por la escotilla del MI-8. Es la voz del piloto la que lo hace despertar de su ligero sopor cuando le advierte de la presencia de una cortina de humo en el horizonte. Instintivamente, revisa de nuevo su equipo y prepara una de las cámaras para fotografiar el siniestro. Lo que va a observar y experimentar en los próximos minutos es algo que marcará su vida para siempre. Un espectáculo del que pocas personas en el mundo que sigan vivas, pueden presumir de haber visto con sus propios ojos.

   La magnitud de la catástrofe que se muestra a cincuenta metros por debajo de la panza del MI-8, hace que afloren todos sus instintos de reportero. Instintivamente, abre la puerta del helicóptero, agarra su cámara automática y comienza a enfocar el amasijo de escombros provocado por la catástrofe. Acciona el disparador una y otra vez hasta que de forma repentina, deja de funcionar la cámara. Coge la siguiente cámara y sigue disparando hasta que esta se rinde después del quinto disparo. La tercera cámara tampoco funciona. Un silencio escalofriante y un calor abrasador envuelven la escena. Una escena misteriosa, mágica. Todos se sienten como si flotaran dentro del aparato. Un sabor metálico les invade la boca. Bajo ellos, el edificio del reactor cuatro ha volado por los aires, dejando el núcleo expuesto, liberando a la atmósfera su radiactiva carga mortífera. El magma en que se ha convertido el combustible radiactivo y las barras de grafito, brilla entre los escombros del reactor. Un espectáculo asombroso que ningún hombre en la historia de la humanidad jamás vio. Hasta este momento, claro.

-         Lo siento, -se oye decir a Igor-, algo le pasa a las cámaras. No puedo trabajar.

   El helicóptero rodea el reactor una vez y toma el camino de regreso a Kiev. Es la mañana del 26 de Abril de 1986, y hemos atravesando el humo radiactivo volando a cincuenta metros por encima del reactor cuatro de la central nuclear Vladimir Ilich Lenin, más conocida en occidente como la Central Nuclear de Chernobyl.

Igor Kostin, Chernobyl 1986
   A la vuelta al aeródromo, Igor siente un nudo en la garganta. Se encuentra mareado, desorientado. Empieza a toser y vomitar. Sabe que los síntomas no tienen nada que ver con el vuelo en helicóptero. En todos sus años de profesión, nunca se ha sentido mareado después de un vuelo. Es al llegar al laboratorio de revelado cuando entiende a qué se ha enfrentado. De los veinte disparos que efectuó con las cámaras, todos los negativos están en negro salvo la primera foto. Es la única que se salva. Todos los rollos de película y los motores eléctricos de las cámaras están destruidos. Todas las cámaras fotográficas han quedado inservibles. Son los efectos de la altísima radiación a la que se han visto sometidos.

   En nuestras entradas anteriores dedicadas a la película “EL CONQUISTADOR DE MONGOLIA” y al “ATOLON BIKINI”, hemos visto los efectos de la radiación en las personas y la naturaleza, provocados por los ensayos indiscriminados de armas nucleares. En esta tercera entrega dedicada a la energía atómica, vamos a caminar por una de las mayores catástrofes medioambientales en la historia de la humanidad provocada por una instalación civil, vista por los ojos de Igor Kostin, la primera persona que fotografió el desastre de Chernobyl y dedicó toda su vida a informar de primera mano al mundo las consecuencias de aquél desastre. Consecuencias que aun se sufren en nuestros días y de las que ningún experto se pone de acuerdo en el alcance global de las mismas.   

Robot en acción, azotea del reactor número tres
   La noticia sobre el accidente se extendido por todo el mundo como la pólvora. La catástrofe de Chernobyl afectó a toda Europa: Francia, Alemania, Noruega, Suiza, Gran Bretaña, Italia, el noroeste de España… todo el mundo se vio afectado. Pero nadie sabía exactamente lo que había pasado. Solo circulaba una cantidad muy pequeña de información debido a que el régimen soviético intentó minimizar desde el primer momento el alcance de la tragedia. Como reportero, Igor Kostin comprendió de inmediato que algo había que hacer. Su trabajo era ir allí e informar al mundo. Era su deber. No recibe permiso para fotografiar Chernobyl hasta el 5 de mayo. El hecho de que hubiera estado en la central antes de ese día era algo ilegal y prohibido que no debía salir a la luz. Lo habría pagado caro.

Liquidadores
   Cuando el cuarto reactor explotó, los escombros, parte del combustible y el grafito contaminado cayeron sobre el techo del tercer reactor. Toda esta basura radiactiva tenía que ser recogida pero la radiación era increíblemente alta allí. La dosis mortal para una persona es de cincuenta roentgen, pero la radiación en el techo del tercer reactor era de 15.000 roentgen. Eso es un auténtico disparate. La civilización nunca antes había experimentado tal nivel de radiación. Primero se trató de limpiar los escombros con robots traídos desde Alemania y Japón pero, al igual que las cámaras automáticas de Kostin, los robots pronto dejaron de funcionar bajo la altísima radiación. Entonces se decidió enviar robots biológicos para hacer el trabajo sucio. Personas de carne y hueso, para que nos entendamos. Soldados que tuvieron que elegir entre 40 segundos de trabajo rápido en el techo de la central o dos años de destino incierto en la guerra de Afganistán. La mayoría eligieron los 40 segundos. Son los llamados “liquidadores” e Igor Kostin estuvo con ellos desde el primer momento para fotografiarlos y dar testimonio de su trabajo.

Liquidadores, tejado del reactor 3
   Colocaron una sirena que sonaba cada cuarenta segundos para avisar a los liquidadores que su trabajo había terminado. Subían una sola vez al tejado, arrojaban una pala cargada de escombros al reactor y bajaban de nuevo a toda velocidad. Abajo, después de quitarse el traje artesanal fabricado con planchas de plomo, les esperaban palabras de agradecimiento, un bono de cien rublos, un certificado del ejército y un adiós muy buenas. Todo el resto de sus vidas sufrirán en mayor o menor medida los efectos de la radiación sobre su organismo. Todo por subir una sola vez al tejado. Igor Kostin subió hasta cinco veces al tejado para fotografiar los trabajos de los liquidadores. Tiene cinco certificados.

   Durante los diecisiete años siguientes, el hombre legendario dedicó todo su tiempo a mostrar al mundo las consecuencias de la catástrofe. Para él, Chernobyl era como una droga. A pesar de que cada vez que volvía a Kiev se sentía enfermo y cansado, no podía pasar más de tres o cuatro días alejado del lugar. El 2 de enero de 1987 tuvo que ingresar en el hospital Número 6 de Moscú, un centro especializado en las enfermedades relacionadas con la radiación. 

   Mientras su salud se lo permitió, fotografió a la catástrofe y sus consecuencias durante diecisiete años, en Rusia, Ucrania y Bielorrusia. Fue a todas las regiones y tomó fotos de todos los aspectos del desastre que le fue posible tomar. Estuvo desde el primer momento en el epicentro del siniestro, comprendiendo que lo que estaba haciendo allí era historia; una especie de manual para que las generaciones venideras no cayeran en los mismos errores que llevaron al desastre de Chernobyl. Son legendarias sus fotos de la ciudad fantasma de Pripyat, de las aldeas abandonadas de los alrededores, de la construcción del sarcófago de hormigón con que se cubrió el edificio del reactor cuatro, de los trabajos de los liquidadores, del cementerio de máquinas abandonadas victimas de la radiación…

Igor Kostin, en la actualidad
   El fotógrafo moldavo nacido en 1936, llamado "el Hombre Legendario" por el Washington Post, recibió a lo largo de su carrera innumerables premios por la calidad de sus trabajos. En el año 2006 publicó el libro “Chernobyl: Confesiones de un Reportero”, publicado en España bajo la Editorial Efados, donde deja testimonio de sus años dedicados a la magnitud de la catástrofe, de sus vivencias entre los cerca de 800.000 liquidadores que trabajaron arriesgando sus vidas y de la desolación dejada en la zona por la invisible radiación. En la actualidad, reside en Kiev junto a su esposa e hija aunque pasa dos meses al año en hospitales a causa de las secuelas dejadas en su organismo por las elevadas dosis de radiación recibidas en todos estos años.

   En cuanto al piloto del helicóptero que nombrábamos al principio de esta entrada, murió junto con toda su tripulación en los días posteriores al desastre, en un accidente cuando pilotaba el mismo MI-8 que días antes había llevado a Igor Kostin hasta el corazón del reactor abierto. El accidente se produjo cuando las hélices del rotor chocaron con un cable de acero mientras sobrevolaban el edificio del reactor cuatro, intentando sellar la fuga de radiación vertiendo en el interior una mezcla de arena y boro. Tras el choque, el aparato se precipitó al interior del reactor, muriendo toda la tripulación en el acto. La escena del accidente fue filmada por el cámara Vladimir Shevchenko, un reportero soviético que días después murió a causa de la radiación absorvida. Es una secuencia muy famosa que los más morbosos encontrarán sin problemas en Youtube. Como última curiosidad, unas horas antes del fatal accidente del MI-8, Kostin hizo una fotografía de la tripulación junto a su aparato, ataviada con simples mascarillas de algodón como protección. 

Fuentes:
Chernobyl: Confesiones de un Reportero. Igor Kostin, 2006. Editorial Efados.

Coordenadas Google Maps:
Reactor Cuatro, central nuclear de Chernobyl: 51.3895528, 30.0991472
Pripyat, Ucrania: 51.395088 30.07704

Fotos:
Igor Kostin, Corbis / Verlag Antje Kunstmann 

7 comentarios:

  1. Hace poco, en la noche temática, dedicaron un documental a los pueblos-muchos de ellos cientos de kilómetros de Chernovil- y las consecuencias que aún hoy día afectan a ríos, ganado, vegetación y lógicamente humanos. Después de un desastre de dimensiones como el de Fukusima - cuya realidad sabremos dentro de mucho- o Chernovil,del cual conocemos su realidad, lo que nos queda es esperar ver crecer un mundo contaminado de muerte, en el que las autoridades tienen a muchas poblaciones como cobayas humanas.
    Siento una profunda desazón al comprobar que el ser humano terminará eliminado por la propia naturaleza de nuestro mundo.
    Un documento estremecedor, y muy completo, como nos tienes acostumbrado.
    Abrazos.

    ResponderEliminar
  2. Muchas gracias Jorge. Siempre son bienvenidos tus comentarios. A la humanidad, dominar el átomo no se nos ha dado muy bien. Al hilo, estoy preparando una última y sorprendente entrada sobre el uso que el hombre ha hecho de la radiactividad, al margen del armamento, la producción de energía o el uso terapéutico. Muy sorprendente. Espero que también te guste.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  3. Yo puedo decir que soy uno de los pocos privilegiados en el Mundo de conocer a esta bellísima persona que es el Sr. Igor Kostin. Estuve con el este pasado verano en Kiev, estuvimos hablando varias horas. Un sueño y una adrenalina impresionante estar sentado a 30 cm’s de unos de mis ídolos Fotográficos y Héroe a la vez. Lo que hizo el dudo que lo pudiéramos hacer muchos de los humanos de la Tierra. Lo que el sabe de todo esto no lo sabe nadie mas en ningún sitio. Todo esta tapado por estos gobiernos que tenemos en muchos países. El nos contó que en España está pasando algo muy similar de lo que pasó en la antigua URSS y que sigue pasando en estos momentos en Ucrania.

    Aparte de estar con el Sr. Kostin también estuvimos en zona Zero de la central de Txernóvil y en Pripyat, realmente impresionante, que sensación tan rara estar en un sitio que siempre soñé es poder ir, todo en silencio, abandonado, edificios tapados por la vegetación, los cuales se caen y se degradan muy rápido.. ufff. Estaría explicando mi experiencia horas y horas..

    Saludos a todos..

    Josep.


    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Kostin es uno de los grandes héroes olvidados de la historia. Recomiendo la lectura de su libro, Chernobyl: Confesiones de un Reportero.

      Gracias Josep por tus comentarios. Un saludo.

      Eliminar
  4. hola disculpa anonimo del 2 de febrero de 2014, 10:24 como contactaste con igor me podrias ayudar por favor

    ResponderEliminar
  5. Solo quiero compartir que el día 9 de junio de 2015 MURIO el Señor IGOR KOSTIN. Q.D.E.P. este gran Heroe.

    ResponderEliminar
  6. Solo quiero compartir que el día 9 de junio de 2015 MURIO el Señor IGOR KOSTIN. Q.D.E.P. este gran Heroe.

    ResponderEliminar

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...